COLUMNA INVITADA

Batalla de fondo en Afganistán

El Gobierno chino ha ofrecido apoyo económico e inversiones para la reconstrucción de Afganistán

OPINIÓN

·
Lila Abed/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

El retorno del Talibán al poder en Afganistán viene acompañado de la creciente influencia de China en Oriente Medio. El Gobierno de Joe Biden no sólo se encuentra en una desventaja ante la posibilidad de que Afganistán funcione de nuevo como un refugio para organizaciones terroristas, si no que también enfrenta a una China dispuesta a reconocer y trabajar con el Talibán.

China, a diferencia de Rusia o Estados Unidos, nunca ha estado envuelta en una guerra contra el Talibán. Cuando los insurgentes estuvieron en el poder por última vez entre 1996 y 2001, China ya había suspendido las relaciones con Afganistán. Retiró a su cuerpo diplomático al inicio de la guerra civil en 1993.

Ante el temor que Afganistán se pudiera convertir en una base de apoyo para los separatistas de la minoría musulmana uigur en Xianjiang, el consejero de Estado y ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, se reunió con el jefe político de los talibanes, Mullah Abdul Ghani Baradar, en Tianjin el mes pasado. El gigante asiático había entablado comunicaciones con los talibanes anteriormente, pero la fotografía que publicaron tras la visita de Ghani Baradar a China le dio cierta legitimidad internacional al Talibán, a cambio de una promesa que Afganistán no se utilizaría como base para los uigures.

El presidente Xi Jinping es un hombre pragmático, cuyo propósito principal es proteger los intereses de China en el mundo, particularmente su gran proyecto de la “nueva ruta de la seda”, creado en 2013 y consiste en el establecimiento de dos rutas combinadas, una de infraestructuras terrestres y otra marítima, que mejorarían las conexiones chinas tanto en el continente asiático como hacia el exterior, aumentando así su influencia económica y política a nivel mundial.

Días antes de recibir al líder del Talibán, le habló al entonces presidente afgano, Ashraf Ghani, para reafirmar la buena amistad entre sus naciones. Es decir, Xi le apostó a todos los jugadores del tablero para asegurar sus intereses en Afganistán.

China ha aprendido de los errores de Estados Unidos y Rusia. En lugar de involucrarse militarmente en distintos países, extiende su influencia en el mundo a través de inversiones económicas para apoderarse de regiones en desarrollo. Tal como lo hace en América Latina y en África, el Gobierno chino ha ofrecido apoyo económico e inversiones para la reconstrucción de Afganistán.

El deterioro en la relación entre China y Estados Unidos se agrava con la situación en Afganistán. El secretario de Defensa, el general Lloyd Austin, calificó a China como la amenaza “ascendente” que enfrenta EU en el mundo y la describió como la “amenaza progresiva” para los militares estadounidenses. En marzo de 2021, el mandatario estadounidense propuso que los países democráticos crearan su propia alternativa a la Iniciativa de la Franja y la Ruta para contrarrestar los esfuerzos económicos y políticos de su rival asiático.

China se aprovecha de la caótica salida de Estados Unidos de Afganistán para posicionarse como un líder capaz de restablecer el orden ante una crisis creada por su contrincante. Lo peor que le pudiera pasar al presidente Joe Biden es que aunado al asenso del Talibán al poder, surja una China fortalecida por un mal manejo de Estados Unidos.

La situación en Afganistán contiene un trasfondo geopolítico que pone en relieve la batalla que existe entre las potencias más importantes en el mundo.

POR LILA ABED
POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@LILAABED

PAL