TOUCHÉ

Prensa amarillista, según AMLO

Los medios y los periodistas vivimos bajo el escrutinio público determinado por nuestro trabajo

OPINIÓN

·
Alejandro Cacho / Touché / Opinión El Heraldo de México

Hoy se entregan caIificaciones a los periodistas en Palacio Nacional. Hoy pasaremos bajo el rasero de Miss Ana para saber quién sacó tache y quién estrellita, según el criterio presidencial. Precisamente ese es el problema: todo en el país se califica o descalifica de acuerdo a lo que diga Andrés Manuel López Obrador.

Los medios y los periodistas vivimos bajo el escrutinio público determinado por nuestro trabajo. El problema viene cuando la ideología y la intolerancia -no los hechos- establecen lo que está bien y lo que no. ¿El presidente tiene derecho a réplica y señalar lo que se publica equivocadamente? Por supuesto que sí, pero el propio López Obrador desvirtúa sus señalamientos con su enfrentamiento y críticas permanentes a la prensa mexicana. Peor aún, cuando se decide desde el rencor.

López Obrador acuñó la frase lapidaria que los periodista callamos como momias ante los excesos y la corrupción del pasado. Para él, la prensa debe aplaudir lo que hace su gobierno y seguir callando como momias ante los excesos y la corrupción del presente. Los excesos no solo se cometen abusando del presupuesto, ni la corrupción se consuma solo robando el dinero público. La falta de transparencia también es corrupción y el abuso del poder también es un exceso. Ambas cosas son características de su gestión.

Los periodistas hemos sido calificados por López Obrador, salvo honrosas excepciones, de mentirosos, corruptos, hipócritas, alarmistas, cómplices del saqueo, egoístas, golpistas, beneficiarios de privilegios ilegítimos, empleados de la Mafia del Poder, amarillistas y otros epítetos. No conforme con eso, ha permitido y fomentado el juicio sumario de sus aliados en la plaza pública y sus fanáticos en las redes sociales. Poco falta para que las agresiones verbales y el discurso del odio pasen de la arenga o los tuits anónimos al mundo real.

Sin embargo, acusar en la conferencia mañanera -la tribuna más poderosa y el mayor instrumento de propaganda de la 4T- de amarillistas a los medios y periodistas que publicamos la gravísima crisis de inseguridad en Aguililla, Michoacán, es un exceso del poder presidencial y una mentira descomunal. López Obrador nunca reconocerá que en Aguililla se vive, desde hace años, un Estado fallido. El mismo Estado que él representa, que juró defender y hacer valer.

¿Es amarillismo ser la voz de quienes han sido ignorados por la federación y el estado? ¿Es amarillismo informar a México y al mundo del acecho y amenazas permanentes del narcotráfico? ¿Es amarillismo retratar la frustración, el pánico y la desesperación de quienes han visto desaparecer a familiares, amigos y vecinos? ¿Es amarillismo dar a conocer que hay gente que vive a merced de los sicarios que cortan la luz, el internet, las carreteras e impiden la entrada y salida de personas y víveres a Aguililla? ¿Los periodistas desplegados en esa zona sin ley y a merced del crimen organizado, que se juegan la vida por hacer su trabajo son amarillistas? Eso, presidente, es falso.

POR ALEJANDRO CACHO
CACHOPERIODISTA@GMAIL.COM
@CACHOPERIODISTA

DZA