COLUMNA INVITADA

La preservación del patrimonio cultural un permanente desafío

A lo largo de los años nuestro patrimonio cultural común ha sufrido en todos los continentes, además del deterioro provocado por el paso del tiempo y los desastres naturales, el todavía más grave daño de la violencia bélica y del saqueo

OPINIÓN

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Juan José Bremer / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

A lo largo de los años nuestro patrimonio cultural común ha sufrido en todos los continentes, además del deterioro provocado por el paso del tiempo y los desastres naturales, el todavía más grave daño de la violencia bélica y del saqueo.

La conciencia sobre la necesidad de proteger los bienes culturales por parte de la comunidad internacional es apenas muy reciente y, salvo excepciones muy contadas, puede decirse que está asociada al espíritu y a los trabajos de la UNESCO, fundada en noviembre de 1945.

Como respuesta a la Segunda Guerra Mundial, en 1954 se firmó la Convención para la protección de sitios culturales durante los conflictos armados. Es este el primer acuerdo internacional multilateral cuyo tema central es el cuidado del patrimonio cultural.

En 1970 se firma la Convención para el combate al tráfico ilícito de bienes culturales; y en 1972 la de la salvaguarda del patrimonio mundial. Hace apenas 20 años, se reconoció el valor del patrimonio subacuático mediante la Convención de 2001 y del patrimonio inmaterial con la Convención de 2003.

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Estos acuerdos internacionales constituyen un paso adelante en la conciencia colectiva sobre la importancia de proteger los frutos de nuestra civilización común.

Es justo reconocer que la Convención de 1972 ha representado un notable avance con logros muy tangibles. Con la apertura del registro de los bienes culturares y naturales del patrimonio mundial se creó un círculo virtuoso entre el interés y el deber. El prestigio que confiere a los países situar en el paraguas de la UNESCO sus principales sitios culturales y naturales, está asociado a un claro compromiso para su protección y conservación. Este compromiso es revisado periódicamente como una mejor garantía para su cumplimiento. A la fecha se tienen inscritos más de 1150 sitios del mundo entero.

En el año de 2003 se dio un paso adelante al abrir a la protección de la UNESCO el invaluable y al mismo tiempo muy frágil patrimonio cultural inmaterial. La Convención de 2003 es el primer instrumento multilateral vinculante para proteger y salvaguardar a largo plazo la herencia de los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas - junto con los instrumentos, objetos, y espacios culturales que les son inherentes,- que las comunidades, en especial las indígenas, los grupos y los individuos reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural.

La Convención representa no solamente un avance en la concepción de la cultura asociada a la vida y a las tradiciones, sino ofrece también una indispensable defensa ante la amenaza que representa la inevitable modernización y globalización, que uniformizan los comportamientos y los patrones de vida social. México con 11 bienes inscritos ocupa el segundo puesto en el continente americano.

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En la reunión del Comité de Patrimonio Mundial que se celebra actualmente en Fuzhou (China), se aprobó el pasado 27 de julio la nueva propuesta de México para inscribir en la Lista de Patrimonio Mundial el “Conjunto Conventual Franciscano y Catedralicio de Tlaxcala”. Nuestro país ocupa el primer lugar del continente americano con 35 sitios registrados.

La citada reunión de Fuzhou se realiza en un momento oportuno en la búsqueda de consensos para abordar los desafíos que enfrentan los sitios protegidos, por la creciente urbanización, el cambio climático y la pandemia del COVID19.

Comparto estas reflexiones porque lamentablemente esta valiosa labor de la UNESCO no es conocida por un amplio sector de nuestra sociedad. Ante el cúmulo de malas noticias con las que vivimos cotidianamente, alienta saber de la existencia de una organización internacional que atiende comprometidamente los viejos y nuevos desafíos que enfrentan nuestro patrimonio cultural y natural común.

POR JUAN JOSÉ BREMER 
REPRESENTANTE PERMANENTE DE MÉXICO ANTE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA  

MAAZ