ARTE Y CONTEXTO

¡Mañana mismo me voy de picnic a Chapultepec!

Tengo días pensando en algo de manera persistente y está a punto de convertirse en obsesión

OPINIÓN

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Julén Ladrón de Guevara/ Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México

Tengo días pensando en algo de manera persistente y está a punto de convertirse en obsesión. Me explico. A partir de la pandemia, son muchas las cosas mundanas que me provocan placer, como pulir con un trapo con vinagre mis gallinitas de vidrio verde dos veces por semana, planchar con precisión las costuras de mis vestidos, poner las etiquetas de todas las especias de frente y demás ejemplos así. Pero si algo se desordena o queda imperfecto, ni me enojo ni la paso mal; por fortuna mi TOC aún está bajo control. En gran medida, se debe a que mi cerebro agradece la inyección cotidiana de adrenalina por la que lucho cada día y a la que espero volverme adicta más rápidamente. De todas maneras mi sistema está acostumbrado a ciertos químicos nocivos que también provocan adicción, como la angustia y la ansiedad derivados de la incertidumbre en el encierro.

Sin embargo, jugar con ese fuego tiene ciertas desventajas. Sucede que mi sangre demanda más experiencias agradables, por tanto, cada vez que tengo una ocurrencia que me provoca una sonrisa, mi cerebro exige su ejecución inmediata. Al principio sólo tenía un poco de ansiedad que se iba incrementando en el transcurso de las horas, pero descubrí después que al realizar la actividad preimaginada, el sol brillaba con más intensidad. Así que ahora sé que necesito urgentemente hacer un pícnic con buenos amigos en Chapultepec.

Por mi experiencia en este rubro, hay que tomar ciertas precauciones para pasarla mejor y no escatimar en manteles, canastas, diamantina o cosas lindas y siempre necesarias, para estar en un entorno cómodo y hermoso. Digamos que esta actividad que por default es hedonista, exige que el organizador también sea hedonista y  que no le de flojera producir un escenario propicio para el deleite y el placer. No hay que exagerar, pero jamás hay que descartar ningún objeto por voluminoso o pesado que parezca si pensemos que aportará algo valioso, porque para eso están las hieleras con rueditas o los carritos del mandado. Si lo tuyo es la cosa fácil y la ley del menor esfuerzo, abstente por favor.

En mi caso llevo siempre cubiertos de metal y platos que no sean de cartón, tanto por estética como por ecología y respeto a los alimentos a ingerir. Un buen pícnic es memorable porque también es un ritual cuya preparación es disfrutable. Para empezar hay que hacer una lista de invitados y de alimentos para picar, tales como tortilla española, hummus con pan árabe, croquetas de atún o de papa con jamón serrano, quesos untables, jamones y fiambres varios, taquitos fritos de queso o de pollo y demás comida rica que se pueda servir en porciones manejables. La ensalada es buena idea pero habrá que llevar aceite de oliva, vinagre balsámico y dos aderezos preparados, si no para qué vamos. Infaltables, el agua sola además de otras bebidas y si se puede vino tinto, aún mejor. Hay que considerar la ropa cómoda que no esté rota o decolorada porque tanto esfuerzo y entorno lindo merece algo mejor. Total, que la cosa es pasarla bien en un lugar encantador.

No se vale juzgar al que no sabe cocinar; a ese invitado habrá que pedirle el pan, los hielos, las servilletas y cosas simples pero igual de valiosas como su amor y su presencia. Así que, desde mi perspectiva hedonista el pícnic es en realidad una síntesis de los mejor de la vida porque cada quién da lo que puede y todos nos damos cariño, comiendo y bebiendo delicioso, platicando cosas agradables inspiradas en la belleza y el tiempo que nos llevó tener una experiencia genial. Además, así nos apropiamos de nuestros parques citadinos o jardines rurales para disfrutar la vida, en uno de los peores momentos que ha padecido la humanidad.

manet y monet, ojo.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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