ANECDOTARIO

“El peso de la opinión”

Porque estando tu desempeño a la vista de todos, las opiniones, aún cuando nadie las ha pedido, no se hacen esperar

OPINIÓN

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Atala Sarmiento/ Anecdotario / Opinión El Heraldo de México

Cuando levanta su trofeo se ve poderosa, la baña un estruendoso aplauso multitudinario y una ovación que celebra su triunfo. Todos los presentes en la final en la que se convirtió en campeona del mundo solo ven eso. Pero detrás de esa figura hay también una mirada tan frágil como una copa de cristal a punto de romperse y nadie, o casi nadie, se percata de ello.

Vivir con la presión de defender un título debe ser suficiente peso a cargar sobre la espalda para un deportista de alto rendimiento. Si a esa maleta le añadimos las altas expectativas de quienes le rodean, y las opiniones de todo el mundo, imaginemos lo insoportablemente pesado que se vuelve el equipaje de ese personaje.

Aplica para deportistas o cualquier persona que se dedica a una profesión pública.

Porque estando tu desempeño a la vista de todos, las opiniones, aún cuando nadie las ha pedido, no se hacen esperar.

Opina la familia cercana, opinan los amigos, opina el entrenador, opina el cuerpo técnico, opinan los representantes, opinan las marcas que los patrocinan, opinan los medios de comunicación, opinan los colegas y como si fuera poca cosa, opinan admiradores y retractores por igual.

Y por más medallas, trofeos, títulos o reconocimientos que hayan recibido no todos están preparados para enfrentar esa avalancha descontrolada de comentarios. 

Viendo el documental de Naomi Osaka se entiende perfectamente que el éxito conlleva una parte muy sufrida para ciertas personalidades. En él se desvela una deportista cuya gloria depende absolutamente de su estado mental. Ella reconoce que es su mente la parte del cuerpo que más tiene que cuidar para ser una campeona del tennis y cuando está en desequilibrio vienen las derrotas y el alud de comentarios que no edifican.

Cuando uno ya se sabe derrotado no necesita que nadie lo evoque. Y en las victorias lo mismo; es sabido el compromiso y la responsabilidad de mantenerse en ese nivel. Pero resulta que en ambos casos están ahí presentes todas esas voces que “opinan” como si todos tuvieran razón.

En las opiniones hay una fuerte carga de subjetividad y están relacionadas a las circunstancias, vivencias y sentimientos de quien las emite. Lo más grave es cuando llevan implícito un juicio. 

Pongamos el caso de Paola Espinosa, y su queja de no haber ido a Tokio por causas ajenas a su desempeño deportivo; mal debía llevar ya el hecho de no estar en los olímpicos para, encima, encarar los comentarios, especialmente negativos, y aguantar la caballería con estoicismo por difundir su propia opinión al respecto.

Vaya jaleo con los veredictos. Hay quienes no pueden conformarse con  un “¡Bueno! no es más que una opinión” porque justo esa opinión, que puede ser la tuya, quebranta su alma y espíritu de victoria.

POR ATALA SARMIENTO
COLUMNAS.ESCENA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@ATASARMI

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