MALOS MODOS

Red privada. Sobre el asesinato de Manuel Buendía

Con ritmo, tejida con muy buen material de archivo y muy buena mano para las entrevistas, el documental de Netflix nos ofrece un virtuoso retrato de ese personajazo

OPINIÓN

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Julio Patán / Malos Modos / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

En efecto, Manuel Buendía era malquerido en muchos frentes. La noche de 1984 en que lo mataron, de cinco tiros, en la muy chilanga colonia Juárez, enfrente de su oficina, tenía razones para temerle a la CIA, cuyas actividades en México había balconeado largamente, en sus columnas y en un libro; a la ultraderecha tapatía, zarandeada con el mismo tratamiento; a varios altos mandos del priismo ochentero, el Ejército y la policía secreta, la temida Dirección Federal de Seguridad, cuyas corruptelas había documentado abundantemente; y, por supuesto a los capos del tráfico de drogas, que por entonces ??particularmente el Cártel de Guadalajara– alcanzaba un poder nunca visto, entremezclado desde luego con el político, el policiaco y el militar.

Dicho en otras palabras, si Buendía, columnista de Excélsior largamente leído, tenía razones para temer, es porque, con todos sus defectos, era un columnista a la altura del país en que vivía.

Un país que dejaba atrás el priismo ultramontano para abrazar la globalización y que por aquellos tiempos se puso, sin duda, en el centro de una tormenta de agencias de espionaje de todo el mundo, agentes de la DEA, narcos y forcejeos diplomáticos. No hace falta decir que estar a la altura, en ese contexto, era muy peligroso.

            Ese mundo y sobre todo a ese periodista es que retrata Red Privada. ¿Quién mató a Manuel Buendía?, el documental que acaba de estrenar Netflix, narrado por Daniel Giménez Cacho, dirigido por Manuel Alcalá (Museo) y protagonizado por un nutrido contingente de periodistas y analistas (Raymundo Riva Palacio, Sergio Aguayo, Pepe Reveles, Alfonso Zárate, Rogelio Hernández); policías, entre ellos Rafael Moro Ávila, uno de los acusados por el asesinato; y políticos, desaladamente el luciferino Jorge Carrillo Olea, entonces subsecretario de Gobernación.

Como se ha repetido, ese mundo, sí, está en la raíz de la locura que vivimos hoy, es decir, es un mundo que dice mucho de nosotros, de este México.

La película es, pues, un acierto en ese sentido, para empezar. Pero Buendía tiene fuerza más que suficiente para justificar el proyecto por sí solo.

Con una larga carrera en la hoja curricular, malencarado, vestido con elegancia de película en blanco y negro y bigote de malo del México de posguerra, pistola al cinto y cigarro en mano, amigo de policías y políticos de los del lado oscuro de la fuerza, notable prosista de indesmayable mordacidad, en los 80 tenía ya una figura de vieja guardia que, sin embargo, como digo líneas arriba, no le quitaba un ápice de vigencia. Con ritmo, tejida con muy buen material de archivo y muy buena mano para las entrevistas, Red Privada nos ofrece un virtuoso retrato de ese personajazo, uno de los que no, ya no hay. No se lo pierdan.

POR JULIO PATÁN
JULIOPATAN0909@GMAIL.COM 
@JULIOPATAN09

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