ARTE Y CONTEXTO

La escultura nueva del emperador

“Soy un ser superior que hace esculturas invisibles sólo para intelectuales”. Salvatore Garau, artista italiano.

Julén Ladrón de Guevara/ Arte y contexto / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

Si algo divide las opiniones en el mundo del arte, son cosas como “Io sono”, la escultura invisible de Salvatore Garau vendida en $18,000.00 USD.

Resulta ser que a finales de mayo pasado, la casa italiana de subastas Art-Rite anunció la venta de la pieza en cuestión, cuyo título en español se traduce como “Yo soy”. La obra fue descrita como arte inmaterial o “de vacío”; lo que no dijeron es si el artista la imaginó, la concibió, la realizó o lo que quiera que Garau haya generado para obtener este peculiar ejemplar. Desde mi perspectiva hubiera sido interesante saberlo, al menos para agarrarle la onda al proceso creativo del maestro italiano, porque esculpida no está, así que es complicado asimilar el hecho per se. Sin embargo, tomemos en cuenta que el suceso que metió a “Io sono” en medio del escándalo, fue la venta. Sin venta no hay escándalo, sobre todo porque se pagaron alrededor de $360 mil pesos por algo que no se ve ni se siente. Al respecto, el artista dice de sí mismo: “Soy un ser superior que hace esculturas invisibles sólo para intelectuales”, mientras pone cara de iluminado. Esta respuesta me recuerda más al dirigente de una secta californiana o a un exnovio que tuve con mamitis extrema, italiano por cierto, que a un artista al que le compraría una pieza.

En mi experiencia, son pocas las cosas que dividen tanto la opinión de los que estamos en medio de este mundillo, porque hay muchos de los que sí ven algo en propuestas como estas que terminan mirando con ojos de ignorante a gente como yo. Uno de mis defectos es que me cuesta mucho darme por satisfecha con cualquier explicación cuando no comprendo algo. Pregunto siempre hasta estar segura de lo que siento y eso no es fácil, sobre todo cuando obtengo como respuestas frases con palabras como “magia” o que podrían significar dos cosas al mismo tiempo. Cuando esto sucede, llego a la conclusión de que ni siquiera mi interlocutor sabe qué responderme pero que está seguro de lo que piensa, aunque no sepa por qué. Igual me pasa cuando pregunto por qué creer en la virginidad de la virgen o en un embarazo humano provocado por una paloma y cosas así. Todos están seguros de lo que sucede, nadie lo puede explicar con un mismo argumento todas las veces, y la ignorante soy yo. Por eso me gusta escribir, así me doy cuenta de cuánto desconozco y lo liberador que me resulta admitirlo.

Sin embargo, también me gusta escribir porque no tengo miedo de tomar una postura y, debido a mi ignorancia, leo e investigo mucho para sentirme segura y responsable de mis respuestas y del mensaje que voy a transmitir. Por eso, yo y mi fuero interno sabemos que para el caso, Salvatore Garau es un charlatán, como mi ex italiano y el gurú de Pocajú. Para mí no hay arte sin el cumplimiento ciertos parámetros, porque la intención y el discurso no son suficientes. ¿Y por qué me importa? Porque debemos ser responsable con la enseñanza y el manejo del arte para no caer con charlatanes que revienten el mercado, generen una burbuja, dejen sin valor la pieza que un coleccionista con buena intención pagó por la porquería que le recomendó su dealer de arte. Porque hay artistas geniales que no son tomados en cuenta para ser coleccionados, por la confusión que generan los que avalan a estos locos, que nomás incrementan sus cuentas y su nivel de ego a través de la mentira; porque tal vez solapamos a criminales de cuello blanco que lavan dinero a través de cosas falsas y preferimos hacernos de la vista gorda y eso es un despropósito para un creador. Porque no todo es poesía ni pintura ni literatura. Hay pintores y gente que pinta, aunque este último grupo haya pagado los talleres más caros del mundo con los mejores artistas del universo para hacerse sus exposiciones, pagar su prensa y fingir que son artistas. Lo mismo sucede con la medicina alternativa, las religiones a las que se les permiten atrocidades en nombre de la libertad de culto, con los desgraciados que venden mujeres por sus usos y costumbres entre más cosas terribles, que se ejecutan bajo el cobijo de la tolerancia. Ser ingenuo tiene un precio muy alto a veces, y ser snob puede generar más cosas que el bullying a una mundana como yo, que nunca está dispuesta a tragarse esos camotes nomás por convivir.

POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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