COLUMNA INVITADA

Ventilación y pedagogía

El cierre de las escuelas convivencia presencial

OPINIÓN

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Laura Ramírez / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de México

Junto a la salud y la economía, la gran tragedia que ha dejado la pandemia por COVID-19 ha sido la Las escuelas en México empezaron el proceso de apertura, el constante cambio de semáforo epidemiológico trae inestabilidad en los avances, pero el hecho de que varios estados cuenten con actividades presenciales en escuelas o Centros Comunitarios de Aprendizaje, abre la puerta para reflexionar -cada vez con más seriedad y con mayor evidencia- sobre lo que funciona y lo que no.

El acuerdo entre la comunidad científica es que la mejor forma de evitar contagios es usar mascarilla, mantener distancia mínima de 1.5 m entre personas y favorecer las actividades al aire libre; sobre esta última y su relación con la educación se basa este artículo.

En la idea tradicional de la escuela, las y los estudiantes permanecen por varias horas en el aula, muchas veces en grupos de más de 30 personas y sólo con algunos espacios recreativos o deportivos al exterior. Este esquema debe reemplazarse por actividades que aprovechen más y mejor las posibilidades de aprender fuera del aula.

Las y los científicos coinciden en que un ambiente con niveles adecuados de oxigenación es más propicio para el aprendizaje. El monitoreo de CO2 puede emplearse como una medida indirecta tanto del nivel de aerosoles como de la concentración de partículas virales exhaladas por personas contagiadas de COVID, sirviendo como indicador del nivel de riesgo de contagio. Un ambiente seguro, requiere niveles de CO2 por debajo de las 700 ppm.

Por eso, cuando las comunidades escolares muestran preocupación sobre cómo evitar contagios cuando atienden una gran cantidad de estudiantes, la respuesta es mayor ventilación, no sólo entendida como ventanas o puertas abiertas sino como una transformación en la visión sobre el aprendizaje. La pandemia ha mostrado que necesitamos otro tipo de educación, las y los estudiantes no pueden seguir sentados durante horas copiando y repitiendo datos; salir al exterior es un compromiso con la salud pero también una posibilidad pedagógica para lograr mejores aprendizajes.

Estar al aire libre permite nuevas actividades que resulten significativas para niñas, niños y jóvenes porque se permite el movimiento, se pueden generar círculos de lectura, trabajo en equipo o investigación del entorno; permite la interacción entre estudiantes de diferentes edades y genera mayor actividad física. 

Con creatividad hay posibilidades, lo importante es que las comunidades escolares se abran a la idea de que estar al aire libre puede traer grandes beneficios en salud, aprendizaje y convivencia; el hecho de no estar en el pupitre repitiendo las tablas de multiplicar no significa que no se aprenda, al contrario, una enseñanza multisensorial permite un aprendizaje más sólido a largo plazo.

Ventilar para evitar contagios es de por sí una apuesta necesaria en este momento y ventilar para transformar el entorno escolar puede ser una nueva forma de entender la educación que trascienda la pandemia y que nos acerque al objetivo de regresar a las aulas a algo más significativo, más centrado en las NNJ.

Agradezco a Verónica Athié, Dra en Inmunología y Coordinadora de la Iniciativa COnVIDemos VIDA por su asesoría en los temas científicos de este artículo.

POR LAURA RAMÍREZ
DIRECTORA DE ACTIVACIÓN EN MEXICANOS PRIMERO
@LAURAMI0316

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