¿Buena idea? ¡No ayuden, compadres!

La participación de los expresidentes panistas en el proceso electoral invita a pensar que mejor deben callar

¿Buena idea? ¡No ayuden, compadres!
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

En muchas ocasiones lo mejor es no intervenir. Quedarse callados o apoyar de otra forma. Diría el clásico: “calladito te ves más bonito”. Lo digo por las recientes participaciones y mensajes de Felipe Calderón, Claudio X. González, Vicente Fox y hasta del mismo Ricardo Anaya en diversos eventos de cierre de campaña, particularmente en la Ciudad de México.

Dichas figuras son como los techos californianos: la gente los ama o los odia, y ciertamente rara vez se es indiferente a sus comentarios o peroratas. Por lo mismo, en muchas ocasiones sus opiniones e intervenciones en lugar de ayudar o apoyar, solo lastiman y vulneran al “recomendado”.

En ese sentido, Calderón ya lleva menudas respuestas a sus peticiones. La más reciente cuando le recomendó a Fernando Larrazábal declinar a favor de Adrián de la Garza en Nuevo León, lo cual fue contestado con un tajante “no”. De haberse quedado callado, tal vez la decisión del regiomontano panista, y de toda la estructura que lo cobija, hubiera sido otra.

En la misma tesitura se encuentra Fox, quien además de ser igual de dicharachero que Andrés Manuel, actúa como veleta sin rumbo; tiene una brillante participación en redes sociales por cada cien desastrosas. No hemos olvidado que pasó de ser uno de los personajes más admirados de México (el primer presidente que echó al PRI de Los Pinos), a ser un payaso de rodeo, con botas y con su señora Martita dictándole al oído. Nula credibilidad de quien sigue levantando emociones incendiarias tanto a su favor como en su contra.

Da lástima también el comentario de Claudio X. González. Irónicamente, antes de volverse activista, su actuación había sido brillante. Tanto en las ONGs por él creadas, que señalan la corrupción y yerros de la administración pública sin importar sexenios, como por sus participaciones en Twitter —cuidadas, sustentadas en cifras y bien informadas. Pero terminó de echar todo por la borda el domingo en el escenario de los candidatos de “Va por México” en Polanco. Entendemos las ganas que debe de tener de contestarle a AMLO —¿quién no?— cuando este último al menos una vez por semana asesta su verborrea contra él y/o contra Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (el día de ayer incluido); pero caer en alterar una frase muchas veces utilizada por AMLO sólo lo bajó al nivel del tabasqueño (en este caso lo que dijo Claudio fue: “Mandemos a Margarita a la Cámara y a Morena al Carajo”). No solo eso, cayó en la trampa que le tendió el presidente: demostrar que está de lleno en la política y que trata de dinamitar la gestión del gobierno federal.

En el caso de los dos expresidentes, valdría la pena que recordaran que ellos son, en cierta medida, culpables de que López Obrador llegara al poder. Dejaron puestas (muchas) condiciones que AMLO aprovechó y, si bien es cierto que este solo las ha empeorado, ellos tuvieron su tiempo para mejorar las cosas y no lo lograron al grado necesario.

Ante esto, algunos dirán que Ricardo Anaya tiene la obligación y responsabilidad moral de opinar, dado que él no ha gobernado y podría intentar competir nuevamente, como cabeza de oposición, en el 2024. Mas su forma (las formas importan mucho en la vida) de pedir el voto sigue sin conectar con quienes pueden lograr ese cambio.

Hay algo que estos personajes debieran tener claro, pero tal pareciera que no: López Obrador los ha convertido en representantes de todo lo malo que hay en el país. Encarnan en el imaginario popular lo peor de un México que nadie quiere que regrese. Hablo de los millones de personas que los ven como forjadores de ese pésimo panorama que permitió a AMLO gobernar. Por ello, cada vez que estos abren la boca para apoyar a “x” o “y” candidato, en lugar de sumar solo restan.

Ante todo lo anterior, se vale pedirles de forma educada: mejor guarden silencio. Su participación no es una buena idea.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM

DZA


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