Tragedia y negligencia en el Metro

Voces desde el gobierno piden que “no se politice la desgracia”, pero todo en esta tragedia es político

Tragedia y negligencia en el Metro
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

El derrumbe del Metro no fue solamente un “accidente”. Fue una tragedia prevenible dadas las alertas que había sobre esa obra; una tragedia que se hubiera evitado si no fuera por la negligencia de las autoridades de la Ciudad de México. El costo de esa irresponsabilidad lo pagaron, como es común, las personas de a pie, quienes no tienen otra alternativa de movilidad más que los servicios públicos y confiaron en que su gobierno garantizaría que fueran seguros. No fue así. Al menos 24 personas perdieron la vida y decenas más resultaron heridas.

Algunas voces desde el gobierno, y algunos propagandistas, piden que “no se politice la desgracia”, pero todo en esta tragedia es político: empezando por el hecho de que sucedió en un servicio público.

La Línea 12, donde sucedió el mortal fallo, se construyó durante la administración del entonces Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard (2006-2012), que hoy despacha como Secretario de Relaciones Exteriores. Desde aquél entonces, la obra fue criticada por dos motivos. Primero, por acusaciones de corrupción en el manejo del presupuesto, acusaciones que tocaron no sólo a Ebrard, sino a su entonces secretario de finanzas, y actual presidente nacional de Morena, Mario Delgado. En segundo lugar, se detectaron un mar de fallas técnicas: rieles que no coincidían con las medidas de los vagones; tramos mal trazados que hacían peligroso el viaje; uso incorrecto de materiales (férreos en lugar de neumáticos) que podrían causar accidentes.

Pero Ebrard tenía prisa por inaugurar la obra para presumirla. Así lo hizo y  heredó a la siguiente administración un Metro con fallas y peligroso. Luego vino el escándalo: la más nueva de las líneas del Metro terminó por suspender sus operaciones ante la necesidad de ser remodelada a apenas un par de años de haber sido culminada.

Ya bajo la responsabilidad política de Claudia Sheinbaum, todo el Sistema Metro ha estado aún más desatendido. De entrada, en estos últimos tres años se redujo sistemáticamente el presupuesto para su mantenimiento por decisión de la Jefatura de Gobierno y con el aval de las mayorías legislativas de Morena. Las consecuencias llegaron: en marzo de 2020 dos trenes chocaron en la estación Tacubaya de la Línea 1; una persona murió y 43 resultaron heridas. En enero de este año, se incendió una subestación eléctrica del Metro, con saldo de una persona muerta y 29 lesionados.

Pese a estos antecedentes y a que diversos expertos, trabajadores del Metro y legisladores en el Congreso de la Ciudad de México alertaron sobre nuevas desgracias, las autoridades desoyeron las voces de alarma. En el caso específico de la Línea 12, los mismos ciudadanos documentaron daños visibles en las estructuras. Nadie hizo caso: siguió la austeridad y la desatención. La negligencia fue enorme: precisamente la subdirección de mantenimiento del Metro estuvo sin titular durante un año, hasta hace apenas una semana.

La tragedia del 3 de marzo era prevenible y tiene responsables, desde su construcción de origen, rodeada de corrupción, hasta su falta de atención y mantenimiento. Exigir respuestas no es lucrar con el dolor de las víctimas, al contrario, es lo menos que se puede hacer para brindarles justicia.

En cualquier país, este caso de corrupción y negligencia sería un tsunami que acabaría con carreras y aspiraciones políticas. Veremos si en México aún queda algo de sentido común.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE
DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
@GUILLERMOLERDO

PAL


Compartir