COLUMNA INVITADA

Mandatario

El autoritarismo es una grave enfermedad política que daña el organismo social en un Estado de Derecho

OPINIÓN

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José Encarnación Alfaro Cazares/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

El Estado de Derecho constituye una muralla de defensa de la sociedad frente al ejercicio arbitrario del poder público. Para considerar que en una Nación se vive un Estado de Derecho, se deben contar con cuatro elementos fundamentales: el imperio de la Ley como expresión de la voluntad popular; división y equilibrio entre poderes; actuación de los gobernantes en apego a las disposiciones de la ley; protección y garantía de los derechos humanos.  

El autoritarismo es una grave enfermedad política que daña el organismo social en un Estado de Derecho. Los analistas del poder público y de las ciencias políticas ubican las diversas fases del autoritarismo en un proceso de degradación del Estado de Derecho, que se inician con el ejercicio del poder a base de caprichos, arbitrariedades y ocurrencias en desdén de las disposiciones legales, lo cual deriva en despotismo y termina por convertirse en dictadura; sobre todo si el desarrollo de un ejercicio absolutista del poder se refleja también en diversos grados de subordinación de la sociedad a los dictados y a la voluntad de un sujeto o de un grupo encabezado por un caudillo. La democracia se derrumba cuando el autoritarismo crece. 

El autócrata desconoce el mandato que lo llevó al poder y tiene una visión torcida del concepto “primer mandatario”, pues lo ubica como el “manda más” en la afirmación de “aquí mando yo, sin freno ni ley, ni control ni contrapeso; y el que manda, manda; y se equivoca vuelve a mandar”; y lo hace sobre la base de una legitimidad democrática por el respaldo recibido en las urnas y la popularidad que le otorgan las encuestas; pero se olvida de la máxima política que afirma “el poder corrompe, pero el poder total corrompe totalmente”. 

En un Estado de Derecho, mandatario no es el que manda, es el que obedece un mandato social; y en nuestro País, el Artículo 87 de la Constitución Política establece el mandato en la protesta que debe rendir el titular del Poder Ejecutivo "Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande". 

Si el Presidente de la República se aparta del mandato que la sociedad le confirió, la ciudadanía se lo puede demandar en el ejercicio de su voto eligiendo nuevas mayoría en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y en los Congresos Locales en las elecciones del próximo 6 de junio; o en el proceso de revocación de mandato que se celebrará el 2022. 

Frente a los peligros del autoritarismo exacerbado que amenaza la estabilidad del Estado de Derecho en nuestro País, es necesario imponer la fuerza de la política para evitar caer en el terreno de la política de la fuerza. La fuerza de la política, que es, en la idea del maestro Jesús Reyes Heroles, “persuasión y no imposición, que es convencer y no vencer, que es demandarnos el deber de la convivencia antes de demandárselo a quienes no piensan como nosotros. La fuerza de la política, que es respeto a la sociedad en que se vive y respeto a la dignidad moral de quienes la integran; que es, por sobre todas las cosas, un imperativo ético”. 

POR JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES

@JOSEEALFARO 

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