La maldita Línea 12 de Tláhuac

Me llamaron provinciano en la escuela de Coyoacán donde terminé la prepa y volví a escuchar el adjetivo en más de una ocasión en la universidad del centro de la ciudad en la que estudié Ciencias de la Comunicación. Siempre lo tomé con orgullo

La maldita Línea 12 de Tláhuac
Alejandro Sánchez / Contra las Cuerdas / Opinión El Heraldo de México

Durante poco más de 20 años la avenida Tláhuac fue mi ruta obligada para salir del pueblo de Santiago Zapotitlán. Muchas veces colgado de un microbús de la ruta 56 el recorrido era de una hora o más apenas para llegar a Taxqueña de la Línea 2 del Metro

Me llamaron provinciano en la escuela de Coyoacán donde terminé la prepa y volví a escuchar el adjetivo en más de una ocasión en la universidad del centro de la ciudad en la que estudié Ciencias de la Comunicación. Siempre lo tomé con orgullo.

Las fiestas de luces y música en Santiago Zapotitlán, uno de los siete pueblos originarios que conforman la alcaldía de Tláhuac, siguen siendo una tradición y compromiso obligado de sus mayordomías en los meses de febrero y julio de cada año.

Las zonas de verdes ejidos que se juntaban con un cielo azul y libre de smog, así como de siembra de maíz y alfalfa, en los que el ganado estuvo a punto de cornearme más de una vez, se convirtieron poco a poco en manchas urbanas.

Sin embargo, los fuegos artificiales y bailes populares en el pueblo, así como sus carnavales con reinas y comparsas, aún son protagonistas de uno de los espectáculos más atractivos del oriente de la Ciudad de México.

Quienes crecimos ahí, pero tuvimos necesidad de trasladarnos todos los días a otros puntos de la capital, soñábamos con que nuestra movilidad, de cuatro horas o más en una sola jornada —para ir y venir—, se redujera para mejorar nuestra calidad de vida.

Desde principios de 2007, poco después de la llegada de Marcelo Ebrard a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, la población en Tláhuac empezó a dividirse por el rumor de que estaba en marcha el plan que iba a convertirse en la gran obra del sexenio: la Línea 12 del Metro. 

Desde un principio el trazo contempló conectar a Mixcoac, de la Línea 7, con toda la avenida Tláhuac, fundada en la época prehispánica para comunicar a las aldeas agrícolas. En la Revolución fue determinante en el levantamiento del general Emiliano Zapata, proveniente de Morelos.

Cuando comenzaron los acercamientos entre autoridades de gobierno con ejidatarios para hablarles del proyecto del Metro, en los pueblos se decía con sátira que realmente Tláhuac conectaría con Los Pinos y no con Mixcoac, pues era el plan de Marcelo Ebrard con el que buscaba llegar a la Presidencia de la República tras la primera derrota de López Obrador.

Poco a poco empezó la expropiación de amplios predios y casas por parte del entonces GDF para construir la Línea 12 del Metro. Para lograrlo hubo desalojos forzados. Todavía recuerdo el caso de la abuela de unos amigos de la familia que se negaba a dejar su vivienda y con una metralleta de juguete intentaba ahuyentar a los ganaderos.

Hoy, con mayor razón, aquellas palabras pronunciadas por la ancianita mientras una flotilla de trascabos derrumbaba su casa. me han hecho pensar en que se volvieron un presagio maldito por lo que la línea dorada ha representado para los tlahuaquenses todos estos años, desde su inauguración.

Continuará mañana.

POR ALEJANDRO SÁNCHEZ
CONTRALASCUERDASMX@GMAIL.COM 
@ALEXSANCHEZMX

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