Educación y menstruación digna para todas

El cambio en la ley estatal incluye de manera expresa la educación menstrual, como parte de la educación sexual integral que debe impartirse por mandato constitucional

Educación y menstruación digna para todas
Jeny Farías/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Durante el pasado marzo, celebramos la aprobación de la iniciativa de ley con la que el estado de Michoacán se convirtió en la primera entidad en determinar que las escuelas de educación básica deberán de proveer productos de gestión menstrual de manera gratuita a sus estudiantes.

Además, el cambio en la ley estatal incluye de manera expresa la educación menstrual, como parte de la educación sexual integral que debe impartirse por mandato constitucional.

Un mes más tarde, la Cámara de Diputados retomó un proyecto presentado en junio de 2020, sobre el mismo tema y lo aprobó de manera unánime.

De acuerdo al proceso legislativo de nuestro país, la iniciativa se turnará a la Cámara de Senadores que fungirá como revisora y en caso de aprobarse, tendríamos una reforma a la Ley General de Educación para la entrega de productos menstruales a quienes cursan primaria, secundaria y preparatoria en todo el país.

En México, hay casi 11 millones de niñas y adolescentes que se encuentran en el rango de edad de menstruar y que cursan la educación básica y ninguna de ellas merece quedarse atrás por miedo a manchar sus ropas de sangre por la falta de productos.

Por ello, este cambio en la norma, sería una buena noticia. Sin embargo, no sólo la falta de productos como toallas o tampones pone en desventaja a quienes menstrúan, sino también la falta de educación sobre el tema y la falta de acceso a instalaciones adecuadas (como inodoros o contar con agua corriente).

Debemos hacer un llamado a los legisladores, para que cuando tengan el proyecto en sus manos lo aprueben, pero que no suelten el tema y tomen en cuenta que la infraestructura escolar adecuada y la educación sexual verdaderamente integral también son necesarias para derribar obstáculos que hacen más grande la brecha de género.

A quienes integramos la sociedad, nos toca contribuir eliminado los estigmas y tabúes que existen sobre la menstruación, dejar de decir que cuando una niña tiene su menarquia se “hace señorita” (pues en realidad sigue siendo una niña que menstrúa), evitar estereotipos que ligan comportamientos erráticos con “andar en esos días” y abordar el tema con la naturalidad que implica.

Es decir, sin importar nuestra edad o género, también nos corresponde educarnos. Estamos en deuda con las niñas, podemos empezar con reconocer que tener una menstruación digna es un derecho y no un privilegio, y debemos actuar en consecuencia. Su sangre menstrual -algo normal- no debe ser obstáculo para construir sueños.

POR JENY FARÍAS
DIRECTORA DE PROYECTOS ESPECIALES Y OPERACIONES
@JENYCA

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