#Poder prieto

Tenoch Huerta, Estefanía Veloz y Pancho Parra han iniciado en YouTube un programa muy importante para nuestro país, se trata de Versión extendida

#Poder prieto
Pedro Ángel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Tenoch Huerta, Estefanía Veloz y Pancho Parra han iniciado en YouTube un programa muy importante para nuestro país, se trata de Versión extendida. En él buscan concientizar a los mexicanos sobre uno de los más graves problemas, el racismo extendido.

En un país en el que el 60% de la población se considera de piel morena no existe representación en la televisión o el cine, se estereotipa para unos ciertos roles -empleadas domésticas, campesinos, etc.-y se les rechaza.

Revisemos simplemente los anuncios publicitarios. No hay sino blancos promoviendo productos (coches, casas, comida), como si el país fuera eminentemente blanco.

Recientemente un estudio reveló que la inmensa mayoría de quienes tienen un puesto público en Estados Unidos (desde diputados locales hasta senadores federales) son blancos. Solo un 13% no lo son. Y, curiosamente, los blancos en Estados Unidos (como en México), son una minoría. No pasan del 18%, y ocupan prácticamente toda oficina y cargo público.

No tenemos estadísticas similares en nuestro país, pero sería importante. En Twitter, el propio Tenoch Huerta y Yalitzia Aparicio han lanzado una campaña también relevante con la etiqueta #PoderPrieto. El lema también es digno de mención: “Mi piel se respeta, mi piel suda, mi piel resuena, en mi piel no hay duda, mi piel ama, mi piel es pura sabrosura”.

México, Huerta tiene razón, es el país racista que no acepta ser racista. La llamada “pigmentocracia mexicana” es una de nuestras taras.

Manuel González Prada decía para su propio país: “el indígena quiere ser mestizo, el mestizo quiere ser blanco y el blanco quiere ser europeo”. Esta “aspiracionalidad blanca” está introyectada en el propio proyecto de nación. Yo mismo he estudiado el fenómeno y le he dedicado un libro entero, El fracaso del mestizo. Reflexioné allí sobre la construcción que el estado posrevolucionario hizo de un sujeto político particular, al que privilegio, el mestizo.

Lo mismo en el proyecto racista de José Vasconcelos y su “raza cósmica”, que en el olvido y el borramiento del indio. El indígena -un diez por cierto de nuestra población- sufre históricamente no solo discriminación y racismo, sino que es borrado del proyecto mestizofílico con el que se hizo México.

Solo nos importan los “indios” en el Museo de Antropología, cuando hablamos de las grandes civilizaciones Maya o Azteca, pero no cuando despreciamos a nuestro primo que pertenece a uno de los llamados pueblos originarios. Urge repensar nuestro problema con el color de piel, por eso el llamado de Huerta -uno de nuestros mejores actores, quien encarnó magistralmente a Zapata- es central en el siglo XXI.

En México difícilmente podríamos responder a la pregunta de W.B. Dubois a sus compañeros negros, ¿qué se siente ser un problema? El tema sí ha sido abordado como conflicto, especialmente en el siglo XIX, donde la idea de “el problema del indio” fue discutida casi siempre en tono asimilacionista.

El siglo XX, en cambio, es nuestro siglo mestizo y la ilusión de esa identidad borra al indio o lo convierte en curiosidad del pasado, artesanía y folclor.

Luis Echeverría quien usó a los indios una y otra vez, lo hizo también en el cine -nombró a su hermano en el Banco Cinematográfico-, y es suya una frase terrible: “Mientras los indios de México no participen en la vida cívica intelectual y productiva del país, serán extranjeros en su propia tierra, expuestos al abuso de aquellos que poseen más y excluidos por los beneficios de la civilización (…) hablamos de mexicanizar nuestros recursos naturales sin darnos cuenta de que debemos también mexicanizar nuestros recursos humanos.”

México como corporación y sus habitantes como pura fuerza de trabajo. ¡Qué pena! El problema es que la pena no ha disminuido desde ese sexenio aciago que hoy tanto parecemos querer emular. Los posibles festejos históricos ya empezaron mal -particularmente inventando que Tenochtitlán se fundó hace 700 años y exigiendo que España pida perdón por la “invasión”.

Seguimos siendo una casta colonial que coloca al indio y al mestizo en un lugar inferior. Esa identidad mestiza que el estado mexicano construyó y que sigue siendo nuestra miope lectura de “lo mexicano”, estaba construida sobre la ilusión de un proyecto mestizofílico frustrado.

En el país de los múltiples Méxicos bien nos valdría reconocer también que somos un país multilingüístico, plurinacional, y que debemos aún profundas reparaciones a los pueblos indígenas. Mientras tanto sumémonos y luchemos por el #Poder Prieto

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

MAAZ


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