No más polarización y violencia política

“Cuando un pueblo pierde su libertad como Estado, pierde su realidad política aunque consiga sobrevivir”. Hannah Arendt

No más polarización y violencia política
Adriana Sarur / La Encerrona / Opinión El Heraldo de México

Esta contienda electoral se ha caracterizado por dos cosas: la polarización y la violencia. Pereciera que en el imaginario colectivo solo estuviera estar a favor o en contra de Morena y de la 4T y, que los sufragios se darán de esta manera. Blanco o negro, conmigo o contra mí, ellos o nosotros. El lenguaje maniqueísta que tanto gusta al presidente y que ha hecho hasta lo imposible por impregnarlo en todo el territorio nacional. Desde esta perspectiva, en el país no queda espacio para los matices.

En este sentido, desde el patio de Palacio Nacional cada mañana el presidente profiere su discurso en contra de todo aquel que se atreva a contradecirlo. Lo hemos visto con jueces, medios de comunicación, empresas y empresarios, gobernadores, entre otros. En estos tiempos electorales ha desatado una lucha intestina en contra del INE, de su presupuesto, de su presidente, de los consejeros o de su autonomía. También lo hace en contra de distintas expresiones políticas, a quienes considera los enemigos de la “transformación”. Cada persona que se alce la voz para exclamar alguna preferencia política diferente a la del presidente, en inmediato se convertirá en enemiga del “pueblo bueno”.

Aunque se eche a andar toda la maquinaria para instituir estos discursos polarizados, lo cierto es que cada región, cada estado y cada municipio tienen dinámicas muy particulares de entender y de llevar a cabo la política electoral. Sin embargo, lo que se tiene en común es la otra característica de estas campañas, la violencia. Desde Baja California hasta Chiapas ha habido violencia con respecto al proceso electoral. Y es que en un país políticamente tan dividido, los vacíos de poder los ocupa alguien más e impunemente. En Guanajuato, fue asesinada la candidata a la alcaldía de Moroleón; un alto mando de la policía en Zacatecas; el asesinato de uno de los candidatos en Sonora; “levantones” y balaceras en varios municipios en Jalisco; la balacera en un evento en Valle de Bravo, Estado de México; en Oaxaca, en Veracruz, en Chihuahua, San Luis Potosí y otros estados pasa lo mismo.

Durante todo el proceso electoral van 88 personas involucradas en campañas que han sido asesinadas, 34 de ellos aspirantes o candidatos a un cargo de elección popular, sin distingo partidista, según la información del indicador de violencia política en México de Etellekt. De igual manera, muchos otros han sido “convencidos” para que declinen su postulación o incluso para que cambien de partido político. Esto solo nos recuerda que las palabras no son inocuas, lastimosamente, se ha pasado del discurso de odio a los hechos.

Ante esta realidad, la Misión de Visitantes Extranjeros de la Organización de Estados Americanos (OEA) expuso su preocupación por los actos de violencia extrema y llama a las autoridades federales, estatales y electorales a atender urgentemente la situación así como fortalecer la seguridad el día de la jornada electoral, mientras que el presidente mexicano solo menciona que “[...] es amarillismo de los medios para enrarecer el ambiente electoral”. No debemos continuar así, si queremos rescatar la democracia mexicana, tenemos que cambiar el discurso de odio y hacer valer las leyes, ningún asesinato debe permanecer impune sea por cualquier motivo. No más polarización ni violencia en los comicios electorales.

POR ADRIANA SARUR
ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM
@ASARUR

dza


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