DESDE AFUERA

Donald Trump, otra vez

El magnate y sus aliados en el Partido Republicano parecen próximos a doblegar toda oposición y hacer un ejemplo de la diputada Liz Cheney

José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México
Escrito en OPINIÓN el

El Partido Republicano parece cada vez más dominado por el expresidente Donald Trump y una ideología no sólo inclinada a la derecha, sino en el culto a la personalidad y una mentira: que su derrota en 2020 fue debido a un fraude y nada tuvo que ver en el ataque del 6 de enero al Capitolio.

La evidente popularidad del exmandatario entre la base republicana coloca ya al liderazgo de ese partido en la alternativa de jurar obediencia al exempresario o perder votantes y ser literalmente enviados a un purgatorio político.

"Me molesta que se tenga que jurar lealtad al 'Amado Líder' o ser expulsado del partido. No tiene sentido", comentó el domingo Larry Hogan, gobernador del estado de Maryland, al señalar la situación en que se encuentran los republicanos a sólo días de que renueven su liderazgo en la Cámara baja.

Trump y sus aliados dentro del partido parecen próximos a doblegar toda oposición y hacer un ejemplo de la diputada Liz Cheney, hija del exvicepresidente Dick Cheney y una abierta crítica de Trump, que ocupa la tercera posición en la bancada republicana.

Cheney cayó en desgracia debido a su rechazo a las repetidas proclamas de Trump de que le robaron las elecciones presidenciales de 2020, una postura pública que muy pocos políticos republicanos han adoptado.

La legisladora será la primera víctima política de lo que se espera sea la campaña de Trump y sus aliados por controlar el partido y obtener las mayorías en las elecciones legislativas de 2022.

Trump prometió vengarse de los republicanos que se negaron a aceptar sus mentiras electorales o pasar por alto su papel en la insurrección del 6 de enero. Para algunos conservadores, como David Brooks de The New York Times, el precedente es terrible: "tienes que mentir para calificar como republicano".

En el último Congreso Cheney votó por la línea del partido más de 90% de las veces, mientras su más probable sucesora, la diputada Elise Stefanik, lo hizo siete de cada 10. Pero a diferencia de Cheney, Stefanik expresó su lealtad a Trump.

Para algunos, incluso la analista Maeve Reston de CNN, el movimiento es una señal de que los republicanos "valoran la conveniencia política sobre la voluntad de mantener el principio". La fuerza de Trump sería un factor de importancia en la que parece una nueva dirección populista del partido, que se refleja en un alejamiento de aliados tradicionales, como organizaciones empresariales y de comerciantes.

La proclamación de trampa en los comicios se ha convertido en una cuestión de fe, y parte del credo implica rechazar cualesquier responsabilidad de Trump en los incidentes de enero.

Esa formulación parece popular entre una buena parte de los votantes republicanos lo que de hecho, según reportes, pone en peligro a algunos de los actuales líderes legislativos del partido. En todo caso, Trump se erige como el jefe real del Partido Republicano y en términos políticos eso implica que se le verá en campaña en 2024.

Por JOSÉ CARREÑO FIGUERAS.
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM 
@CARRENOJOSE1

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