La UNESCO y la indispensable cooperación internacional

En las últimas décadas, la comunidad internacional ha incrementado radicalmente su interdependencia. La realidad actual requiere de una nueva conciencia que conduzca al fortalecimiento de nuestro sistema multilateral y sus mecanismos de acción

La UNESCO y la indispensable cooperación internacional
Juan José Bremer / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Al término de mi experiencia diplomática en la antigua Unión Soviética, publiqué un libro en el que, en contra de la corriente optimista del momento, subrayaba que el fin de la Guerra Fría no nos conduciría necesariamente a un mundo mejor. Esto si no se abordaba, desde la raíz, la tarea de fortalecer las instituciones internacionales. A 30 años del colapso soviético, el futuro que se despliega ante nosotros se parece al título de mi publicación: “El salvaje mundo nuevo”. 

Vivo inmerso en las importantes tareas que ocupan a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), y los desafíos que comparte con otras instituciones multilaterales para alentar la cada día más necesaria cooperación entre las naciones. Actualmente, la inequitativa distribución de las vacunas contra la COVID-19 nos vuelve a enfrentar a la miopía y al egoísmo internacional. México ha expresado con claridad su rechazo a esta actitud, convocando a la solidaridad mundial. 

La UNESCO se ha involucrado en la búsqueda de soluciones al impacto de la pandemia en la educación, la cultura y la vida social. Desde el 20 de marzo de 2020, responsables de las áreas de ciencias de 122 países, convocados por la Organización, manifestaron que éste era el momento de la cooperación científica internacional para que los países pudiesen responder mejor a los desafíos que enfrentamos. 

La UNESCO trabaja ahora en la búsqueda de consensos sobre temas cruciales: i) el libre acceso a la ciencia, el apoyo a la investigación y la reducción de la brecha del conocimiento entre los países, ii) la movilización de los encargados de posibilitar el libre acceso abierto de los recursos educativos y de los resultados de la investigación científica, y iii) el fortalecimiento de la participación ciudadana en las actividades científicas. En paralelo, la Organización, a través de sus grupos internacionales de expertos en bioética, se ha sumado a los esfuerzos de otras agencias especializadas de Naciones Unidas, pidiendo enfáticamente “un cambio de rumbo en las actuales estrategias de vacunación contra la COVID-19, instando a que las vacunas se traten como un bien público mundial para garantizar que estén disponibles de forma equitativa en todos los países, y no sólo para aquellos que hacen las ofertas más altas por ellas”. 

La situación que vivimos actualmente no puede ni debe soslayarse. El sentido de la realidad no está lamentablemente en el horizonte, ni la capacidad de previsión, ni la voluntad política para enfrentar las contradicciones y los peligros de la etapa actual de nuestra civilización.  

En las últimas décadas, la comunidad internacional ha incrementado radicalmente su interdependencia. La realidad actual requiere de una nueva conciencia que conduzca al fortalecimiento de nuestro sistema multilateral y sus mecanismos de acción. La falta de respuestas globales a problemas que son ya inevitablemente mundiales nos afecta a todos por igual, porque ya no es posible aislar a los países privilegiados del resto de la comunidad internacional. Los estragos medioambientales y los efectos mundiales de la pandemia nos recuerdan el viejo proverbio chino que dice que “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. 

La suerte está echada y cada quien tiene que asumir su responsabilidad. Instituciones como la UNESCO representan la mejor garantía para reflexionar sobre nuestro futuro y para orientarlo con una visión ética, pero todos debemos tener claro que la aplicación de sus recomendaciones está en manos de los gobiernos y, en especial, de aquellos que despliegan una mayor influencia en la escena internacional. Hoy, ante el viejo y recalcitrante egoísmo nacionalista, es oportuno recordar a Francis Bacon, el humanista inglés, quien nos advirtió siglos atrás que “Quien no aplique nuevos remedios, debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el más grande innovador”. 

POR JUAN JOSÉ BREMER 
REPRESENTANTE PERMANENTE DE MÉXICO ANTE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA  

jram


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