Sin oxígeno

La crisis por obtener un tanque de oxígeno es reflejo de una realidad alterna que trata de imponer la fallida estrategia del doctor López-Gatell

Sin oxígeno
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Al día de ayer, más de 159 mil muertes, 1,869,708 infectados contabilizados; cientos de miles de historias que desgarran el alma al conocer el dolor en nuestros compatriotas. A estas alturas todos hemos sufrido de alguna pérdida por causa del covid de entre nuestros conocidos. Familiares y amigos que no debían haber muerto y tampoco haber sufrido un viacrucis de dolor, ausencias y faltantes.

La tragedia diaria se ha acentuado ahora por la falta de tanques de oxígeno. Hay acusaciones de sobre precio, escasez, mercado negro, etcétera. Algunos más se quejan de que es el nuevo alicate para la obtención de votos, pues algunos alcaldes de la Ciudad de los Palacios están regalando oxígeno. Hay quienes lo ven como apenas una bocanada de aire en una asfixia recurrente. Si consiguen a través del gobierno el O2 podrán decidir si eso ayuda para votar a “x” o “y” forma o, bien, no sea suficiente, dado que la falta de medicinas y cupo en hospitales también recae del lado de la responsabilidad de las autoridades.

La falta de oxígeno ha demostrado —como sucede en estos y otros casos— lo mejor y peor de la ciudadanía. Del lado positivo, se han creado listas de posibles proveedores, formuladas por las autoridades o bien por quienes han tenido la necesidad del producto. Así también, el titular de la Profeco, Ricardo Sheffield, informó que hasta el momento ya bajaron mil 200 perfiles en Facebook y 130 páginas falsas que están vendiendo tanques de oxígeno. Ha encabezado, también, la campaña “Por amor a la vida”, para devolver los tanques que no se están usando para que alguien más pueda salvar su salud. Muy bien por eso.

Pero habría que hacer más: sancionar sustantivamente a quien sea sorprendido lucrando con el producto. Y es que de lo peor ha sido el robo o compras de acaparamiento para venderlo a un sobreprecio.

Si uno se pone a pensarlo, las largas colas por conseguir tan preciado bien tienen diversos componentes igual de trágicos. Desde quienes no pueden pagar el costo de los tanques o de rellenar los mismos; cada persona que abandona la fila, que no cumple con poder adquirir el oxígeno en cualquiera de sus formas, es un anuncio lúgubre en casa.

Pero no termina ahí la desgracia. ¡Cuántos no estarán ya infectados en esas filas suplicantes! Son familiares de gente contagiada y sin querer podrían estar diseminando el virus. Terrible ironía: ser contagiado buscando la salud para un ser querido.

La crisis por obtener un tanque de oxígeno es reflejo de una realidad alterna que trata de imponer la fallida estrategia del doctor López-Gatell: tener camas disponibles en los nosocomios. ¿Qué se logra al tener camas disponibles si las personas se asfixian en sus hogares? El necesitar oxígeno es síntoma de un infección más fuerte que devendrá en que los infectados terminen en un hospital, y demuestra lo infernal de la égida decisión del zar contra el covid. Esto es, tampoco ha servido el querer tener camas vacías pues hoy los hospitales (ciertamente en zonas metropolitanas del país) están saturados.

No funcionó la estrategia, porque no se concentraron los esfuerzos en tratar de prevenir y rastrear los contagios. Se revirtió el objetivo y se confundió causa con efecto. Las camas vacías debían haber sido el resultado de la estrategia de disminuir el virus, no al revés. Falló el método simplón del inepto galeno.

La muerte vino de China, pero se aclimató y exponencializó gracias la desidia del encargado de enfrentarla. Esperemos que su “oxígeno” político se acabe, igual que ocurre para quienes esperan horas por el mismo. Sin embargo, por ahora, para uno se traduce en mantener su puesto gubernamental mientras que para los otros se trata de la diferencia entre vivir o morir. Sin oxígeno conocemos el aciago devenir.

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM
@MALOGUZMANVERO

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