Bastaron cuatro años…

Los líderes populistas y antidemocráticos surgen hasta en las democracias más consolidadas

Bastaron cuatro años…
Lila Abed/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

El segundo juicio político contra el expresidente Donald Trump inicia el 9 de febrero en el Senado de Estados Unidos. Será una prueba de fuego para el sistema político estadounidense: castigar con todo el peso de la ley a un mandatario que puso en riesgo la estabilidad de una de las democracias más reconocidas en el mundo o absolverlo por completo.

Después de cuatro años de un presidente que promovió el odio, la xenofobia, la división y la polarización, el cual culminó con el asalto al Capitolio el 6 de enero, los legisladores, en su mayoría demócratas, estaban seguros de que por fin había llegado el momento para unir fuerzas y derrumbar a Donald Trump. Es decir, poner el bienestar de la nación y salvaguardar la democracia por encima de cualquier ideología política o interés partidista.

Sin embargo, la semana pasada los republicanos en la Cámara alta demostraron que respaldarán a su exlíder, votando a favor de una resolución que presentó el senador Rand Paul para frenar el juicio político bajo el pretexto de que es inconstitucional juzgar a un expresidente. Todo indica que los demócratas no lograrán convencer a los 17 senadores republicanos para alcanzar la mayoría calificada de dos tercios (67/100) necesaria para enjuiciarlo y, posteriormente, inhabilitarlo de postularse a cualquier cargo público en el futuro.

Es una gran lección la que deja Estados Unidos al mundo: los líderes populistas y antidemocráticos surgen hasta en las democracias más consolidadas. Hoy en día, los sistemas democráticos, por lo general, no se derrumban con golpes de estado, se desintegran paulatinamente, en manos de demagogos disfrazados de demócratas que llegan al poder por la vía electoral. Ya en la silla presidencial, utilizan su legitimidad electoral para debilitar las instituciones y concentrar el poder, justificando sus acciones como medidas necesarias para derrumbar al poder político tradicional. Donald Trump lo describía como drenar el pantano,
o lo que aquí en México se conoce como la mafia del poder.

Uno de los peores errores que puede cometer un partido político que postula a un candidato demagógico, es creer que lo pueden controlar cuando llegue al poder. Casi siempre ocurre lo contrario, el partido termina doblándose y el líder empoderándose. El consultor político del partido republicano, Stuart Stevens, en su libro Todo fue una mentira, le pone el dedo en la llaga, “Trump no es la aberración del partido republicano; él es el partido republicano en su forma más pura”.

Cuando un líder se convierte en la esencia del partido político que representa y por alguna razón deja el poder, su ausencia crea una crisis interna, la cual naturalmente se convierte en una lucha por el poder. En el caso de Trump, la mayoría de los republicanos saben que necesitan su base electoral para mantener sus puestos en el Congreso, tanto en las elecciones intermedias de 2022, como a los que aspiran buscar la presidencia en 2024.

Y así se despedaza un sistema democrático. Sólo bastó un gobierno de cuatro años con un mal liderazgo para romper con las normas y principios básicos de un partido político dentro de un sistema democrático bipartidista. Si en Estados Unidos pasó, ningún país está a salvo.

 

POR LILA ABED
POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@LILAABED

 

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