Estado rector

El triunfo de Morena y AMLO en 2018 suponía un viraje hacia políticas progresistas que beneficiaran a los sectores más  desfavorecidos de la sociedad

Estado rector
Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

El programa de gobierno de la 4T tiene un objetivo fundamental: reconstruir el régimen de la Revolución Mexicana donde el Estado mantenía el control de las principales variables económicas en lo que se conocía como “la rectoría económica del Estado”. Este anacronismo desechado incluso por los partidarios de la socialdemocracia europea de la década de los 70’s, dejó de ser viable cuando la apuesta asistencialista se quedó sin recursos.

El Estado como motor de la economía se extinguió en el momento en que la posibilidad de combinar crecimiento, salud financiera del gobierno y expansión de los beneficios sociales, fue prácticamente nula. La burocratización excesiva y la reducción de los incentivos para la inversión privada, junto con una baja en la calidad de los servicios, fue haciendo de la opción estatista una
alternativa disfuncional.

Fue ahí cuando la izquierda inteligente se volcó hacia una agenda que luchase por un país más justo desde la sociedad misma y no dependiendo del Estado. Mayores impuestos al consumo, más inversión y canalizar recursos para proveer de mejores y más baratos servicios a la ciudadanía desde las esferas de gobierno y fuera de él. Sólo creciendo y generando empleos bien remunerados se puede superar la condición de pobreza y atraso.

No es esto lo que está sucediendo en México.

El triunfo de Morena y AMLO en 2018 suponía un viraje hacia políticas progresistas que beneficiaran a los sectores más  desfavorecidos de la sociedad. Pero el proyecto de López Obrador no tiene nada que ver con una posición de izquierda moderna.

Ni impuestos al consumo, ni aliento a la inversión privada y a la creación de puestos de trabajo bien pagados. La apuesta gira en
torno a la reconstrucción del Estado como rector de la economía y la subordinación de todos los factores a la figura presidencial.

La reforma eléctrica, la construcción de la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Texcoco, son partes de un México chico, con añoranza de un pasado romántico e inexistente en la realidad, pero con el cual se identifican millones de mexicanos. Pero si este país chiquito era inviable en condiciones normales, en modo pandemia amenaza con convertirse en una catástrofe nacional. Vacunas que llegan a cuentagotas con contagios y muertes en nivel elevado y una economía  prácticamente paralizada, sitúan a nuestro país en la esfera de aquellos estados aislados y alejados de los beneficios de la  globalización modernizadora.

El Estado rector fue en el pasado una ilusión y un fracaso, y hoy es una quimera cuyo destino en medio de la pandemia es sólo
atraso y muerte sin esperanza. La realidad no se equivoca.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT
BGM


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