Invisibles, los huérfanos de la pandemia

Ninguna autoridad sabe cuántos menores viven en el desamparo después de que sus padres perdieron la batalla frente al SARS-CoV-2

Invisibles, los  huérfanos de la pandemia
Alfredo González / A Fuego Lento / Opinión El Heraldo de México

El gobierno federal carece de un registro oficial sobre el número de niños que han quedado huérfanos durante la pandemia. Y lo peor es que tampoco cuenta con una respuesta articulada o mecanismos oficiales para acompañar, dar refugio o atender a estos menores. 

Para la Cuarta Transformación los hijos de las víctimas mortales del COVID-19 no existen. En el mejor de los casos, viven con una familia extendida o improvisada, pero nadie sabe dónde está la mayoría de ellos. 

Son invisibles con todo y que cifras extraoficiales estiman que la cantidad de los niños en orfandad se duplicó en México, durante el último año. 

Hasta antes de la pandemia existía un registro oficial de 33 mil menores en esa condición, atendidos todos ellos en 900 albergues. Hoy se desconocen las cifras reales. 

Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), considera que los más afectados en esta pandemia siguen siendo los niños, las niñas, los adolescentes que han quedado, además de invisibles, literalmente abandonados. 

Lamenta el hecho de que no haya datos oficiales y cuestiona que el DIF nacional que, por ley, debe tener los padrones, no cuente con ellos. 

Además de eso, hay una tremenda paradoja: la orfandad por COVID-19 deja a los niños jurídicamente en el limbo, porque ninguna otra persona puede solicitar la tutoría legal para cualquier acto administrativo. 

Por lo que hace a los contagios y muertes en menores, derivado de la pandemia, la cifras también provocan escalofrío. 

Hasta el pasado 14 de febrero, se tenía el registro de 470 niños muertos y 45 mil casos confirmados de contagio. 

Se observa un sesgo en dos apartados: niños pequeños, un número significativo, y adolescentes con algún tipo de enfermedad correlativa, la mayoría de ellos pertenece a segmentos de población muy pobre, que vive en hacinamiento. 

Tampoco hay datos oficiales, pero según la REDIM, tenemos una de las tasas de mortandad más altas y esto aplica a toda la población, incluida la infantil.  Pero no son los únicos daños entre los menores. Las afectaciones psicológicas y académicas serán irreversibles por el confinamiento, la violencia intrafamiliar (abuso sexual, incluido) y el desdén del gobierno. 

La cultura que tenemos es tan “adultocéntrica” que el gobierno se preocupó más por abrir plazas comerciales y restaurantes, pero no los parques infantiles y tampoco se está discutiendo cómo regresaremos a las escuelas. 

Todo esto, junto con el abandono a los huérfanos de la pandemia, marcarán un antes y después en la población infantil mexicana, al grado de perder el desarrollo de toda una generación, con un cobro de factura que nos llegará más pronto de lo que imaginamos porque los daños serán irreversibles. 

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Lo que se les dé a los niños, los niños se devolverán a la sociedad”.

 

 

POR ALFREDO GONZÁLEZ
ALFREDO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@ALFREDOLEZ
 

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