Carencias y extravío en el proceso de vacunación

Contar una mayor cantidad de vacunas no se traduce, en automático, en un mayor control sobre la pandemia

Carencias y extravío en el proceso de vacunación
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

México cuenta con un sistema de vacunación que ha consolidado durante décadas, con la capacidad para aplicar cientos de miles de vacunas al año. A pesar de sus limitaciones y desafíos estructurales, nuestro sistema de salud tiene la infraestructura, el personal y los recursos organizativos necesarios, para poner en marcha una estrategia efectiva de vacunación.

Resulta desconcertante, en ese sentido, el nivel de ineficacia que hemos visto en el reinicio del proceso de vacunación. La manera en la que se está exponiendo a los adultos mayores y el trato de botín electoral que están recibiendo es indignante e inaceptable. Una buena planeación, una selección eficaz de la población, de los centros de vacunación y del personal a desplegar, pudo haber evitado los contratiempos y los riesgos innecesarios.

Pero la prioridad en el proceso de vacunación no ha sido sanitaria, sino política. En lugar de desplegar todas las capacidades del sistema de salud, en coordinación con las entidades federativas y a partir de una estrategia integral, el régimen ha puesto las vacunas –el bien más preciado en el mundo, en este momento, en términos de salud– en manos de los denominados “servidores de la nación”, un cuerpo que ha sido integrado mas que por capacidades técnicas, a partir de criterios de lealtad partidista, orientación ideológica y operación político-electoral.

A tal grado están pensando en sus clientelas electorales, que la distribución de las vacunas no reinició ahí donde más se requiere, es decir, donde se encuentran los focos rojos de la pandemia, por los niveles de contagio, positividad, tasas de mortalidad y concentración demográfica; sino que se han seleccionado municipios y regiones sin criterios claros, sin ninguna metodología vinculada al manejo de la pandemia, y a través de parámetros que parecen más bien asociados al capricho presidencial o a los cálculos mezquinos de su rudimentaria alquimia electoral.

El resultado de todo lo anterior, es el vergonzoso 0.58% de la población que se ha logrado vacunar hasta el momento, lejos de naciones que están siendo referente en el proceso, como Israel, que lleva más del 75% de su población; pero superados también por pares regionales como Chile, Argentina y Brasil. Esto es clara muestra de que aquí podríamos tener una estrategia de vacunación más eficiente, que ayudara en mayor medida a contener la pandemia, pero han preferido poner, una vez más, el dogma, el capricho y los intereses políticos por encima de la vida de las personas.

Lo más inverosímil ha sido la respuesta de los apologistas del régimen ante las críticas: prácticamente, piden que agradezcamos su incompetencia; que nos acostumbremos a sus políticas de dádivas; y que nos vayamos haciendo a la idea de que administrar la carencia es su forma de “hacer justicia”.

Sin duda, es buena noticia que esté incrementando el número de vacunas que llega al país. Pero contar una mayor cantidad de vacunas no se traduce, en automático, en un mayor control sobre la pandemia ni en una mayor protección de la población ante el virus. Mucho menos cuando esas vacunas están en manos de un gobierno incompetente y carente de las más mínimas capacidades de planeación, organización y ejecución. Urge una buena estrategia para que la vacunación dé resultados, y no se convierta en un nuevo y doloroso fracaso.

 

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA
@GUILLERMOLERDO

lctl


Compartir