Energía, estado y soberanía en la 4T (III)

Irak, Libia, Venezuela, México, los países productores de petróleo, la OPEP, a lo largo de todo el siglo XX y en lo que va del XXI, están en ese tablero estratégico

Energía, estado y soberanía en la 4T (III)
Ismael Carvallo/ Colaborador/ Opinión El Heraldo de México

Es natural pensar en función de los mapas nacionales. ¿Pero qué pasaría si miráramos el mapa del mundo según la religión, el nivel de arsenal militar, o según las compañías petroleras o de gas? Los tres factores mencionados, además de la demografía, son clave para comprender lo que es la geopolítica, que es el plano de las relaciones mundiales en donde se definen las guerras y las revoluciones a partir del control de magnitudes socio-históricas, maquinarias militar-energéticas y formas industriales de producción que se mueven al margen del Derecho.

A principios de los 70 del siglo pasado, era usual que en Oriente Medio existieran dos tipos de mapas: uno era el nacional, el otro era aquél en el que se cuadriculaba la región con rótulos como IPC, ARAMCO o APOC, que eran las siglas en inglés de los consorcios multinacionales del petróleo. Ese era el mapa de poder real de Oriente Medio, al igual que hoy.

Las compañías petroleras de entonces, las “Siete Hermanas”, configuraban un sistema geopolítico de producción y poderío económico en toda regla, paralelo al de los estados-nacionales, y en sus oficinas centrales se tomaban decisiones lo mismo sobre asuntos técnicos que sobre política, diplomacia o guerra. La película Syriana (2005), basada en las memorias del ex–agente de la CIA Robert Baer, es una muestra magistral para comprender esto tal como funciona en la actualidad.

Arabia Saudita, por ejemplo, antes de la década de los 70, era “territorio ARAMCO”, que era la empresa que surgió en 1933 con inversión de la Standard Oil de California (Chevron en la actualidad), a la que luego se sumarían inversiones de Texaco, Esso (antes Standard Oil de New Jersey) y Mobil (antes Socony Vacuum y hoy Exxon-Mobil). A partir de 1973, y en virtud de que EEUU apoyara a Israel en la Guerra de Yom Kipur contra una coalición de países árabes liderada por Egipto y Siria, comenzó un proceso de represalia nacionalista regional que habría de terminar, entre otras cosas, con el control total de ARAMCO por parte del gobierno saudita, habiéndose cambiado la denominación de la empresa, en 1988, de Arabian American Oil Co. a Saudi Arabian Oil Co., o simplemente Saudi Aramco.

Irán, por su parte, antes de 1951, era territorio de las “Siete Hermanas” (Exxon, Mobil, Chevron, Gulf, Texaco, BP, Shell). ¿Por qué antes de 1951? Porque ese fue el año en que llegó al poder iraní Mohammad Mosaddeq, una suerte de Lázaro Cárdenas persa que nacionalizó el petróleo nomás llegó al gobierno. Entre las empresas afectadas estaba la Anglo-Persian Oil Company, antecedente directo de la actual BP (British Petroleum). En cosa de dos años, los servicios secretos ingleses y norteamericanos orquestaron su derrocamiento (Operación Ajax). Es la guerra a muerte por el control de la energía. Irak, Libia, Venezuela, México, los países productores de petróleo, la OPEP, a lo largo de todo el siglo XX y en lo que va del XXI, están en ese tablero estratégico. La batalla principal de la 4T se define aquí.

POR: ISMAEL CARVALLO
ASESOR EN LA CÁMARA DE DIPUTADOS
@ISMAELCARVALL

 

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