El espejismo de la paridad

Garantizar la igualdad es garantizar una representatividad correcta de nuestra sociedad

El espejismo de la paridad
Georgina Trujillo/ Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

Apenas hace poco menos de un siglo, las mujeres obtuvimos el derecho a votar en América Latina, Uruguay fue el país pionero de este logro. No fue hasta 1953, durante nuestra incipiente democracia, que en México se aprobó por ley este mismo derecho. 

Desde esos años, la participación de las mujeres latinoamericanas en la vida política de sus naciones ha ido en aumento. Más lento de lo que nos gustaría y siempre rezagadas al resto del mundo: actualmente sólo en dos países (Barbados y Trinidad y Tobago) de 35 en la región gobiernan mujeres; en total han sido nueve quienes han llegado a presidir un país, ninguna antes de la década de 1990. 

En el caso de México, en 25 estados nunca ha gobernado una mujer. El Poder Legislativo fue técnicamente paritario hasta hace apenas 3 años y para las elecciones de 2021, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación estableció que de las 15 gubernaturas que se van a competir, participen 7 mujeres como candidatas. 

La realidad es que como muchas otras cosas en nuestro país, las reformas sociales se pretenden realizar desde el papel y la letra muerta de una ley, más que de una verdadera actitud de cambio por parte de todas las partes involucradas

Es una lucha ganada a medias. A la mujer se le siguen dando las sobras de la democracia como un compromiso para cumplir la forma y no el fondo. Se les otorgan candidaturas en estados donde las probabilidades electorales de ganar para los partidos son escasas, o bien, cuentan con menor presupuesto para sus campañas.

Un argumento suele ser que en los estados con mayor relevancia electoral existe una carencia de perfiles femeninos con suficiente fuerza para garantizar victorias, sin embargo, mientras se les sigan otorgando funciones políticas menos visibles a las mujeres, esta carencia no dejará de existir. No es un tema de falta de preparación o experiencia, sino de falta de oportunidades. 

Garantizar la igualdad es garantizar una representatividad correcta de nuestra sociedad. Es comprender mejor nuestra democracia y garantizar un equilibrio correcto en la toma de decisiones que nos conciernen a todos. No se trata de afirmar que las mujeres podemos gobernar mejor, simplemente de afirmar que también podemos hacerlo bien, y somos la mitad de México. Una mitad que ha tenido la oportunidad de mostrar su valía tan sólo en nueve ocasiones al frente de un gobierno estatal.

Y cuando una mujer de esa ínfima cifra gobierna mal, se toma como argumento para afirmar que las demás somos iguales. 

Las generalizaciones y prejuicios en la política son un mal que debemos extirpar. Esta constante negación del otro y de lo ajeno. El discurso que deslegitima y que ve en las contraposiciones un peligro y no una oportunidad, nos tiene en puntos equidistantes que nunca se encuentran, y por ello seguimos extraviados todos. 

Ha pasado ya casi un cuarto del siglo XXI, ojalá que como mexicanos entendamos ya que las mujeres no somos un grupo vulnerable ni minoritario, somos nada más ni menos que la otra cara de México: las madres, las trabajadoras, las que sueñan y emprenden y se pueden realizar a sí mismas. Las que podemos gobernar un país tan bien como gobernamos una casa.

 

POR GINA TRUJILLO
COLABORADORA
@GINATRUJILLOZ

lctl


Compartir