MIRANDO AL OTRO LADO

En defensa del centro

El Presidente de la República definió su concepción de la política y su actuar en el mundo en los últimos renglones de su discurso en el zócalo por los tres años de gobierno

OPINIÓN

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Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México

El Presidente de la República definió su concepción de la política y su actuar en el mundo en los últimos renglones de su discurso en el zócalo por los tres años de gobierno.

Dijo: “Nada se logra, y esto aplica en México y en todo el mundo, con las medias tintas. Los publicistas del periodo neoliberal-que ya se fue, se está terminando esa pesadilla-además de la risa fingida, el peinado engominado y la falsedad en la imagen, siempre recomiendan a los candidatos y los gobernantes correrse al centro: es decir, quedar bien con todos. Pues no, eso es un error: el noble oficio de la política exige autenticidad y definiciones. Ser de izquierda es anclarnos en nuestros ideales y principios, no desdibujarnos, no zigzaguear. Si somos auténticos, si hablamos con la verdad y nos pronunciamos por los pobres y la justicia, mantendremos identidad y ello puede significar simpatía, no solo de los de abajo, sino también de la gente lúcida y humana de clase media y alta, y con eso basta para enfrentar a las fuerzas conservadoras, a los reaccionarios.”

En otro momento también espetó: “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.

Fuera de estas frases presidenciales, el resto del discurso lo hemos escuchado en cada mañanera, todos los días. Los datos suyos, junto con las interpretaciones de los sucesos cotidianos, aunque contrasten con lo que dice su gobierno oficialmente, se han convertido en su método para mantener la gobernabilidad y presencia de su gobierno.

En 1921 Lenin instauró la Nueva Política Económica en la URSS, que combinaba propuestas de la economía capitalista junto con elementos de la economía socialista. Fue una medida necesaria, después de la devastación que dejó tanto la Primera Guerra Mundial así como la guerra civil interna. Con ello, inició un proceso de recuperación e industrialización del país. ¿Era Lenin un centrista con risa fingida y pelo engominado, por comprender su realidad en ese momento de la historia rusa? Parece ser que comprendió que ser estadista significaba no negar la realidad, sino encontrar los instrumentos más eficaces para transformarla a favor de una causa, construyendo, no destruyendo.

Ser centrista hoy en México significa algo totalmente distinto a lo que dice y pregona el Presidente. Significa ser constructor de opciones y ofrecer vías de solución a los múltiples problemas que enfrenta el país con un entendimiento incluyente y espíritu democrático y unitario. Es una posición que reconoce la diversidad del país y propone elaborar propuestas que sean capaces de incluir la diversidad social, cultural y política del país. Ser centrista es, también, la capacidad de admitir la conveniencia de vivir en un país donde lo diverso es aceptado e, incluso, aplaudido.

Pero también recoge la capacidad de reconocer la realidad que vive el país, en su momento, sin ambages ni construcciones fantasiosas. No se trata de ocultar nada, sino de encarar de frente y con honestidad que una economía globalizada y abierta debe trabajar con sus socios mundiales. Cualquier otra actitud es simplemente condenada al fracaso. El realismo no es claudicación. Es la verdad puesta sobre la mesa como la materia prima con la que se debe trabajar para moldear y transformar cualquier situación que enfrenta una gestión pública.

Ser centrista también significa priorizar el diálogo entre distintos. No elimina la realidad de mayorías y minorías, sino quiere decir que se debe buscar terrenos de acuerdo para resolver los problemas del país, concertando. Es necesario dialogar para resolver los problemas de la inseguridad, que crecen y se agravan conforme pasa el tiempo, ante la aparente complacencia oficial. Es indispensable hablar de la crisis económica prolongada que vive el país y la necesidad de encontrar nuevas rutas para salir del estancamiento en el que se encuentra y que no parece hallar soluciones adecuadas para que se logre desarrollo con crecimiento, salarios formales dignos y estables y empleo pleno.

El desastre del sector salud destruido exige un diálogo entre actores presentes y del pasado para atender la terrible situación que enfrenta el país en ese sector. Y se puede seguir con la lista de ámbitos que reclaman diálogo: medio ambiente, derechos humanos, educación, ciencia y tecnología, violencia, desaparecidos, militarización, entre muchos otros.

Por último, ser centrista no es abandonar posiciones políticas ni ideológicas. Significa, esencialmente, ejercer la política como instrumento prioritario para encontrar soluciones y evitar confrontaciones indeseables e innecesarias. Es decir, ejercer el arte del convencimiento y la persuasión para lograr objetivos concretos. No es claudicación, sino el reconocimiento de los límites que impone la realidad para ajustar expectativas y proyectos a lo que es posible lograr, en beneficio del mayor número de ciudadanos posible.

De no aplicar estos criterios de realismo, diálogo y sensibilidad en el uso de las mayorías cuando del ejercicio en el poder público se trata, lo que produce es la proyección de narrativas auto complacientes ante la falta de logros, usualmente depositando la responsabilidad de esos errores en los hombros de otros. Es decir, la elaboración del discurso donde otros son culpables de los errores de uno, y, por ende, merecen el castigo máximo posible. Finalmente, en estos casos el ejercicio del poder público se reduce a prácticas donde el gobernante se exalta a sí mismo, busca que “el pueblo” haga lo mismo para, así, diluir hasta desaparecer su propia responsabilidad. “Todos coinciden conmigo” parecería estar diciendo el gobernante, creyendo que nadie se percata de su fracaso.

El Presidente López Obrador no quiere una sociedad dialogante porque ello permitiría a los ciudadanos percatarse de su fracaso como gobernante puesto que en tres, o seis, años no tiene, ni tendrá, logros importantes que presumir, y muchos problemas acumulados en su haber. En ese contexto, la mejor salida que tiene es fugarse hacia adelante, propiciando la polarización social y política para, así, ocultar sus manos vacías.

Pero la realidad es implacable. Más temprano que tarde esa realidad y los datos confirmados desnudarán la narrativa por más abigarrada y polarizante que sea. Y ese día tendrá que rendir cuentas claras a la nación entera. En ese momento se salvará de extinguirse en el patíbulo de su arrogancia solo si logra convencerse de la importancia de dialogar con “los otros”. En sus palabras, moverse al centro.

Atacar al centro y burlarse de su “peinado, risa e imagen”, aparte de reflejar su propia mediocridad de pensamiento, es el acto desesperado de un Presidente que sabe que su máscara y escudo protector se derriten conforme pasan los días. La realidad avanza mientras su gobierno retrocede y se esconde en explicaciones, justificaciones, peroratas y ataques a otros.

El centro político, despreciado por el Presidente, es la salvación de México. Solo colocándose en ese lugar, y desdeñando los extremos, es que se podrá salvar a la nación de su autodestrucción.

POR RICARDO PASCOE PIERCE
RICARDOPASCOE@HOTMAIL.COM
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