COLUMNA INVITADA

Conacyt, a tres años

La gestión de María Elena Álvarez-Buylla Roces ha sido cuesta arriba, un camino empedrado

OPINIÓN

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Ernesto Villanueva / Columna Invitada / Opinión El Heraldo de MéxicoCréditos: Especial

En estos tres años, la gestión de María Elena Álvarez-Buylla Roces al frente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha sido cuesta arriba, un camino empedrado que un día sí y otro también apuesta a que naufrague.

No obstante, se ha empezado a dar vida a una forma distinta de hacer las cosas que, en el fondo, resulta positiva para el interés público. Ha habido, sin duda, oportunidades de mejora en estos años, especialmente cuando se ha buscado entrar en terrenos que le son ajenos a Álvarez-Buylla.

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Lo suyo es la ciencia, su compromiso con el combate a la corrupción como una convicción personal, que es el detonador para que las cosas sucedan, además del mandato legal, que en este país es meramente referencial y elástico, pero ayuda mucho cuando hay voluntad para la ley sea válida y eficaz.

En esos campos se están dando avances, muchos de ellos todavía incomprendidos por problemas de comunicación propios y sumados a una buena campaña mediática para magnificar errores, minimizar aciertos y distorsionar acciones.

Pese a lo anterior, se ha logrado poner a salvo el bien mayor.

De entrada –y esto es un parteaguas histórico en México– se ha visibilizado que los directivos e integrantes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología no son puros e inmaculados.

Son hombres y mujeres con virtudes y defectos, estos últimos han transitado por senderos alejados de los estándares éticos esenciales e, incluso, por acción u omisión han actuado al margen de la Constitución y las leyes.

Por otra parte, habría que señalar que María Elena Álvarez-Buylla Roces no es precisamente una experta en el arte de la política a la mexicana.

Su buena fe la inhabilita para esas andanzas.

El presidente la designó por sus cualidades científicas y su empatía con su proyecto de gobierno, pero le queda perfectamente claro que no le servirá hoy, ni mañana ni pasado mañana, para coordinar la defensa política de la Reforma Eléctrica, resolver el tema migratorio o regresar la paz perdida en amplios partes del territorio nacional.

De esta suerte, a la titular del Conacyt le corresponde dirigir esa institución con la Constitución y la ley en la mano y punto.

Las negociaciones, los acuerdos metajurídicos y aquellos que escapan de las atribuciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, los deben llevar a cabo quienes tienen esas facultades y esas encomiendas para no entrar en un desgaste del que nada bueno habrá de resultar para ella y para la institución que dirige, menos en estos momentos, donde temas muy puntuales institucionales reclaman dedicar todos los esfuerzos y recursos posibles para que se haga la tarea en tiempo y forma.

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La política, qué duda cabe, es necesaria para la gobernabilidad del país, pero tener claro la división del trabajo en el ejercicio de gobierno es un punto de partida que no puede obviarse y hay que actuar en consecuencia.

Y así parecen ir las cosas.

POR ERNESTO VILLANUEVA
COLABORADOR
@EVILLANUEVAMX

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