COLUMNA INVITADA

Imaginar el futuro

Primero, por qué no, imaginar el próximo año, 2022. Según un reciente número de The Economist que parece optimista, si el año que termina fue cuando logramos que la ola pandémica cambiara de curso

OPINIÓN

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Pedro Ángel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Primero, por qué no, imaginar el próximo año, 2022. Según un reciente número de The Economist que parece optimista, si el año que termina fue cuando logramos que la ola pandémica cambiara de curso, el próximo será el de ajustarse a las nuevas realidades. El autor del editorial que encabeza el dossier, Tom Standage piensa que se tratará entonces del poderío de China, del cambio climático acelerado. Se aproximan a su juicio las elecciones de medio término de Estados Unidos y el Congreso del Partido Comunista Chino. La pregunta que se hace sobre los dos sistemas antitéticos es cuál es mejor consiguiendo estabilidad, crecimiento e innovación.

Pero sigamos más aún ese argumento, pensando en los últimos movimientos del gobierno mexicano, un viaje a Washington donde pide una integración económica continental que sea la más rica del planeta y, según se ha rumoreado, un viaje a China a principios del próximo año, quizá la última encomienda de Marcelo Ebrard en la Secretaría de Relaciones Exteriores. ¿Se puede servir bien a dos amos? Me disculpo con los lectores de El Heraldo por la pregunta retórica. Según tengo entendido también se planea un viaje para visitar a Vladimir Putin; el pretexto, agradecer a ambos dignatarios su ayuda con las vacunas. Veremos.

Pero sigamos con la bola de cristal. Standage no arriesga mucho, más bien usa el presente y lo estira. Para él el problema de las disrupciones en la cadena de suministros, la inflación y la falta de consumo —por lo tanto, de circulación de dinero—, serán la marca de los siguientes doce meses. No deja de preocuparse también por la regulación de las grandes compañías de tecnología (Facebook, o ahora Meta, Google, Microsoft). Y vuelve a ser China la líder en la materia, con Xi Jinping a la cabeza.

Pero la nueva normalidad no se vive a nivel macro, sino a nivel individual. Son las vidas de cada uno de nosotros las que importan. Más allá del nuevo poder de las criptomonedas, las inundaciones o los incendios que menciona, -o la frivolidad de que en 2022 mucha más gente pagará para viajar al espacio-, lo que importa es cómo viviremos. ¿Conciertos masivos? ¿Viajes como antes? ¿Qatar y la Copa Mundial, la primera postCOVID, cómo será en realidad? ¿Volveremos a abrazarnos o a besarnos con tranquilidad? A las preguntas de los últimos meses, ¿ya estás vacunada? Le siguieron las actuales, ¿ya te pusiste el refuerzo?, allí donde hay suficiente suministro de vacunas. En muchos países aún no se llega a un punto medianamente tranquilizante. Apenas el 49% de mexicanos tiene la serie de vacunación completa, por ejemplo.

En México 2022 estará marcado por la sucesión presidencial, no hay duda. No solo por la interna de Morena —quien parece indudable será el partido en el poder al menos por otros seis años—, sino por los magros esfuerzos de una oposición que nunca supo ser tal. Ante la incertidumbre el método que estamos viendo es el de rodearse de leales, apartar cualquier disidencia o crítica. Herrera no llegó al Banco de México y una fundadora de Morena es la nueva ministra de la Suprema Corte —el cuarto nombramiento del presidente en el poder judicial.

Las preguntas centrales para 2022 en México pasan también por las vidas de las personas. Por la intimidad. Estas fiestas decembrinas millones de familias no estarán completas y llorarán la perdida de alguno -o más- de sus seres queridos. La gente se pregunta sobre la salud, sobre la precariedad de la vida y de la economía. En un contexto de tanta incertidumbre la vida cotidiana adquiere centralidad: la escuela de los hijos, la posibilidad de pagar a los doctores, de llevar comida a la casa.

El mundo y nuestro país se detuvieron dos años y nada nos asegura que en el crudo invierno no venga una nueva ola del virus y la situación aún empeore. Mientras eso sucede nos distraemos con una nueva misión de la NASA que durará diez meses. Un dardo gigante es enviado al espacio para golpear un asteroide y desviar su trayectoria. Es solo un experimento. Los científicos, por otro lado, aseguran que en los próximos cien años no se espera ninguna colisión de ese tipo. El verdadero choque ya ocurrió y fue aquí en la tierra.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

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