MIRANDO AL OTRO LADO

Daniel Ortega al poder; Ricardo Anaya al bote

Este título resume, en breve frase, la visión de futuro del proyecto político del Presidente López Obrador

OPINIÓN

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Ricardo Pascoe Pierce / Mirando al otro lado / Opinión El Heraldo de México

Este título resume, en breve frase, la visión de futuro del proyecto político del Presidente López Obrador. Su gobierno defiende la Presidencia de Daniel Ortega en Nicaragua, después de que éste haya encarcelado a todos sus candidatos contrincantes y enviado al exilio a sus opositores. Como buen émulo, López Obrador desea y sueña con hacer lo mismo con sus contrincantes en México. El primero de ellos es Ricardo Anaya, a quien quiere ver encarcelado, como los opositores nicaragüenses.

López Obrador encarna un proyecto política que nada tiene que ver con la izquierda. Quien afirme que Maduro, Ortega y López Obrador son de izquierda es ignorante de la historia y los postulados ideológicos que siempre animaron al pensamiento democrático de izquierda.

Lo que sucede en México es que ya no hay una izquierda como referente ideológico creíble. El PRD quiere serlo, pero es un proyecto, hasta ahora, desfalleciente y sin un discurso ni rumbo que convenza. Quiere cambiar pero ni siquiera se atreve a cambiar de nombre. La tragedia de la izquierda, en tanto crisis, es que Morena abrió camino con un discurso donde se auto nombraba representante de la auténtica izquierda pero cuyos impulsos reales son de un conservadurismo retardatario mezclado con una sobredeterminante impronta mesiánico-dictatorial.

Es por ello que el gobierno mexicano suspira por repetir aquí la hazaña de Daniel Ortega. ¡Qué daría López Obrador por poder reelegirse 5 veces, como el nicaragüense! Y para lograrlo, debe encarcelar a Ricardo Anaya, como premisa para la victoria.

Su proyecto político a futuro repercute en todos los ámbitos de la gestión pública. En política exterior se expresa en el posicionamiento del gobierno ante la OEA. Como es sabido, México y Bolivia promovieron la idea de una salida masiva de países de América Latina y del Caribe de ese organismo interamericano. La reunión reciente de CELAC justamente se diseñó con ese propósito. Pero fracasó ese proyecto de fuga masiva porque una mayoría de países no están de acuerdo con la postura mexicana. Tan es así que la propuesta ni siquiera se presentó ante la CELAC.

Ante la propuesta de condena al gobierno de Nicaragua por las irregularidades graves cometidas durante el proceso electoral, México se negó a apoyarla e, incluso, más bien se dedicó a insultar y denigrar al organismo y a su secretario general, el uruguayo Luis Almagro. De los 34 países miembros de la OEA, 25 votaron por declarar las elecciones inválidas, “por no ser libres, justas o transparentes y carecen de legitimidad democrática”. Si México hubiera planteado en la reunión de la CELAC la salida masiva de la OEA, habría recibido los votos de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Cuba y el propio, nada más. Patético cálculo político de México, que tan poco entiende a América Latina cuando la mira desde su prisma tan densamente ideologizada.

¿Cuál es el conflicto de México con la OEA? No quiere que la OEA vigile y califique las elecciones en nuestro país, por las acciones ilegales que el gobierno ha cometido (entre otros, el uso de fondos públicos ilegalmente y el establecimiento de alianzas con el narcotráfico para ganar plazas, principalmente). Pero también le preocupa la actitud de condena de la OEA si, en el futuro, México comete acciones parecidas a las de Nicaragua para ganar las elecciones de 2024.

Pero, tan campante y confuso es el Presidente López Obrador, que ahora anuncia que en su encuentro con Biden y Trudeau la próxima semana les va a plantear la conformación de una asociación “tipo Unión Europea”. El más “soberanista” de los Presidentes ni siquiera sabe que entrar en un acuerdo así con los tres países es, ahí sí, ceder toda la soberanía nacional a cuerpos internacionales, legales, jurisdiccionales, económicos e, incluso, parlamentarios. Hasta la política exterior de cada país es acordada y pactada en la unión de todos sus miembros.

No le guía una plataforma política congruente, sino una ambición despiadada de poder. Irá al norte a decir cualquier cosa que crea les gustará a sus interlocutores, como eso de la “unión”, y cuando regrese a México hablará mal de ellos y sus intenciones de imponer sus criterios e intereses económicos. Y propondrá salirse de toda asociación con ellos. O sea, la más absoluta esquizofrenia.

Parece que la premisa de su gobierno es “prometer no empobrece y tampoco obliga”. Veremos si Biden y Trudeau se tragan el anzuelo obradorista. Desde ahora se puede pensar que es poco probable. La comunidad internacional, incluyendo chinos y rusos, no le creen nada a López Obrador.

Finalmente la política de continuidad en el poder, por el poder mismo, de López Obrador, es hacer que Claudia deje la jefatura de Gobierno ya, este año, pronto, para recorrer el país como él lo hizo. Mientras tanto, el Presidente de todos los mexicanos seguirá con su política de tratar de encarcelar o perseguir el mayor número de opositores posibles, empezando por Ricardo Anaya, para asegurar la victoria de su candidata. Seguirá los pasos y las enseñanzas de su político favorito: Daniel Ortega.

POR RICARDO PASCOE PIERCE
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