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La universidad pública le ha quedado a deber a México. Sin los mitos y fábulas que ahí se enseñan el triunfo electoral del morenismo hubiera sido impensable

OPINIÓN

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Alejandro Echegaray / Campus / Opinión El Heraldo de México

La universidad pública le ha quedado a deber a México. Sin los mitos y fábulas que ahí se enseñan el triunfo electoral del morenismo hubiera sido impensable.

La ahora vapuleada Universidad Nacional, estableció –con la ideología que promueve- las condiciones idóneas para que un movimiento como el de regeneración nacional llegara al poder. Hoy, uno de sus ex rectores –quien en el 2006 cabildeó para reventar la elección presidencial- es el representante del gobierno ante Naciones Unidas.

Pero la academia y la sociedad organizada que permitieron y promovieron el triunfo de AMLO representan ahora una amenaza al proyecto presidencial. El ataque a la UNAM le permite al presidente fomentar la idea de que se combate cualquier tipo de privilegio y sus embates hacia la sociedad civil organizada le ayudan a posicionarse como el gran y único benefactor. Su visión de la relación entre el Estado y la sociedad civil es un juego de suma cero: lo que pierden los individuos lo gana el movimiento. Tener en la indefensión a grupos vulnerables no es serendipia sino una estrategia de gobierno.

Las organizaciones de la sociedad civil representan un contrapeso al poder hegemónico que quiere instaurar el presidente. La sociedad organizada atiende e intenta resolver problemas que no soluciona el gobierno; exige y pone los reflectores sobre temas que tal vez no sean prioritarios para el presidente pero lo son para millones de ciudadanos; demanda cuentas y obliga a la
transparencia del cuerpo burocrático.

La salud democrática de cualquier politeia se puede medir por la participación de sus ciudadanos. Para los escépticos del análisis desde la óptica del neoinstitucionalismo, es decir, el estudio que se preocupa por los resultados derivados de adecuaciones a las reglas del juego, solo basta observar que el advenimiento del pluralismo en 1997 exponenció la formación de asociaciones civiles.

En México, el número de OSC pasó de casi tres mil en 1997 a más de 43 mil en 2018, porque las agrupaciones proliferan en los sistemas abiertos, plurales y democráticos. Su constitución es un proxy de la salud de la democracia. La confianza social, las normas de reciprocidad, el compromiso y la cooperación son el aceite de la maquinaria democrática; elementos discordantes y contrarios al obradorismo. Entre 2007 y 2018 cada año se crearon, en promedio, 2,746 organizaciones; ese número bajó a menos de una quinta parte en el primer año de esta administración (531), antes de la pandemia, y la cifra continúa bajando desde entonces.

Un entramado institucional democrático que establece reglas claras y confiables generan externalidades positivas como la confianza social, la construcción y fortalecimiento de redes sociales, la solidaridad y la subsidiariedad. La transición democrática ha sido truncada por el obradorismo.

La consolidación democrática en México se ve aún más lejos y el gran reto de nuestra generación es regresar a México al camino del pluralismo y las libertades.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO
@AECHEGARAY1

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