COLUMNA INVITADA

Arte y censura, una breve reflexión

Esta semana nos enteramos de que los museos de Viena le han dado la vuelta a la censura... abrieron una cuenta para adultos de la plataforma OnlyFans

OPINIÓN

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Pedro Ángel Palou / Colaborador / Opinión El Heraldo de México

Esta semana nos enteramos de que los museos de Viena le han dado la vuelta a la censura que han sufrido de las plataformas de redes sociales. El arte es libertad, habían dicho los pintores del decadente imperio austrohúngaro. Ciento cincuenta años después reivindican esa libertad de exhibir las obras que los hicieron relevantes durante el siglo XX. Y es que en julio la censura llegó a los límites cuando la cuenta de TikTok del Museo Albertina fue cerrada por mostrar obras del artista japonés Nobuyoshi Araki. Las obras que ofendieron a la plataforma o a algún usuario que los acusó eran fotografías que mostraban un pecho femenino oscurecido. Recordemos que en 2019 Instagram declaró que una pintura de Peter Paul Rubens violaba los códigos de la comunidad al mostrar desnudos. Las reglas de Instagram son claras, ya que el desnudo está del todo prohibido, así sea: “de naturaleza artística o creativa”. Si seguimos más atrás, en 2018 Facebook declaró pornográfica una fotografía del Museo de Historia Natural de la misma ciudad con una figura de la llamada Venus de Willendorf (una escultura de piedra de más de 25 mil años de antigüedad).

La idea, entonces, de la junta de turismo de Viena es genial: abrieron una cuenta para adultos de la plataforma OnlyFans. Allí escaparán a toda censura y podrán mostrar sus mejores piezas. De hecho, la campaña de la nueva cuenta tiene como portada la propia figura de la Venus. En la nueva cuenta, que ya puede consultarse, también se logran ver otros cuadros censurados, como los del pintor expresionista Egon Schiele, del Museo Leopold. En Gran Bretaña y en Estados Unidos unos posters publicitarios con desnudos del pintor fueron prohibidos hace poco también. De hecho, los curadores del Leopold Museum los volvieron a lanzar con una frase provocativa: “Lo siento, tengo cien años, pero todavía hoy es demasiado atrevido”. Estas censuras son apenas un botón. Facebook también prohibió un video con la pintura Liebespaar de Koloman Moser, bajo la misma acusación de potencialmente pornográfico. La vocera de la junta de turismo de Viena, Helena Hartlauer, declaró que, ante el hecho de no poder utilizar desnudos en sus materiales de promoción, ahora le habían dado la vuelta al problema. En un mundo donde Modigliani es demasiado explícito, hay que felicitarse por la iniciativa de la cuenta de adultos. Por cierto, si alguno de los curiosos lectores de El Heraldo se inscribe en la página de OnlyFans recibirán un boleto para visitar presencialmente uno de los museos vieneses.

Todo esto viene además a cuento porque lo mismo ha ocurrido con la literatura. En días pasados un escritor y académico afroamericano, profesor en Harvard, Henry Louis Gates Jr. pronunció un breve pero esencial discurso en el PEN (cuyo lema es, precisamente: “La libertad de escribir”. En él defiende que un escritor hombre pueda escribir como mujer, que una mujer lo pueda hacer como hombre, que un blanco pueda dar voz a un esclavo africano o que un hombre asiático lo haga de un mayordomo inglés (como en la gran novela de Kazuo Ishiguro). Cita para ello a su maestro Wole Soyinka (un experto en Shakespeare nacido en Nigeria y Premio Nobel). Cita también al gran W.E.B. Du Bois: “la libertad no puede alcanzarse filtrando las voces disidentes”.

La parte central de su discurso consiste en afirmar que él le debe a sus maestros y a sus estudiantes es esa sensación compartida de asombro al contemplar las obras de la imaginación humana a través del tiempo y el espacio, “obras creadas por gente que no se parece a nosotros, que incluso se asombrarían que nosotros supiésemos sus nombres y conociéramos su obra”. Más aún: esas obras y las de los ciudadanos de los márgenes, no pueden protegerse, al contrario, se las traiciona si se las coloca en silos compartimentados. Solo puede protegerse la libertad de escribir si se protege la libertad de leer y la libertad de aprender. “La primera cosa quizá que debiésemos aprender en estos días tan aciagos, es que a todos nos haría bien más humildad y más humanidad”.

Lo mismo ocurre, entonces, para las artes plásticas. La libertad de ver, de apreciar, de oír. Y la suprema libertad: la de discernir.

POR PEDRO ÁNGEL PALOU
COLABORADOR
@PEDROPALOU

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