LÍNEA DIRECTA

¿Y si ganamos?

Las expectativas crecerían a tal grado que sus efectos se resentirían en presiones cambiarias y diplomáticas de alto nivel. La aprobación final de la reforma metería al país en un pantano del cual sería casi imposible salir

OPINIÓN

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Ezra Shabot / Línea Directa / Opinión El Heraldo de México

Cuando los gobiernos deciden lanzar propuestas para cambiar de fondo las condiciones de vida de la población,suponen que sus proyectos son apuestas seguras que terminarán satisfaciendo a sus gobernados, y con ello lograrán afianzarse en el poder.

         Pero para ello necesitan ubicar correctamente la realidad. No se puede hablar de transformación cuando se parte del principio de que todo lo construido con anterioridad al nuevo régimen es corrupto, injusto e ilegítimo. Destruir todo, implica necesariamente retomar el concepto de “revolución”, según el cual se tiene que desaparecer el pasado inmediato para construir un futuro mejor. Únicamente las experiencias totalitarias asumieron ese postulado y terminaron destrozando a sus respectivas sociedades.

         Es por esta razón que la denominada Cuarta Transformación se enfrenta a resistencias propias de aquello que la democracia mexicana construyó en las últimas décadas. Acabar con los organismos autónomos, las reformas laborales y energética, el INE, el sistema de Salud Pública, los programas sociales no clientelares,el aeropuerto de Texcoco y otros más, son intentos fehacientes por hacer desaparecer por completo el pasado inmediato.

         La paradoja aquí radica en que mientras más avanzan la 4T en sus objetivos de transformación, más se hunden en la falta de resultados y viabilidad económica de los mismos. En este sentido el tema de la reforma eléctrica es un ejemplo de oro. Su eventual aprobación en Cámara de Diputados abriría la puerta a una mayor presión a ejercer en senadores. Las expectativas crecerían a tal grado que sus efectos se resentirían en presiones cambiarias y diplomáticas de alto nivel. La aprobación final de la reforma metería al país en un pantano del cual sería casi imposible salir.

         Es como la historia ficticia de aquel pequeño país que, para salir de sus graves problemas decide invadir los Estados Unidos y así ser los conquistado por los norteamericanos y que ellos se ocupen, con su dinero y habilidad, de solucionar lo que sus gobernantes locales no habían podido resolver. Pero resulta que por azares del destino los invasores ganan la guerra y se preguntan: ¿y ahora qué hacemos?.

         Es esto lo que López Obrador y Morena deberían estarse preguntando en torno a a la reforma eléctrica, lanzada inicialmente como un discurso de campaña electoral, que poco a poco va convirtiéndose en objetivo de gobierno. ¿Y si ganamos? El resultado de una acción de este tipo sería desastroso para la economía nacional, para la inversión extranjera, y para la relación con los Estados Unidos. Ganar seria para la 4T, la derrota más estrepitosa como proyecto de nación. Así de grave.

POR EZRA SHABOT
EZSHABOT@YAHOO.COM.MX
@EZSHABOT

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