Los autónomos, según AMLO

Desde el primer día de su gobierno, AMLO anunció que no cree en los órganos constitucionales autónomos (OCAs), lo cual solo ha ido demostrando con el paso del tiempo

Los autónomos, según AMLO
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

Ya anunció que va contra el INAI, que piensa integrar el IFT a la SCT y hay una iniciativa de ley semi aprobada que terminaría por dinamitar la autonomía del Banco de México. Desapareció el INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación), a la CNDH la volvió una ‘Piedra’ que no escucha ni atiende las quejas contra las autoridades, cooptó a la Comisión Reguladora de Energía y de forma continua descalifica la labor del INE y sus consejeros.

Desde el primer día de su gobierno, AMLO anunció que no cree en los órganos constitucionales autónomos (OCAs), lo cual solo ha ido demostrando con el paso del tiempo. 

Pero un análisis simple sería creer que el presidente únicamente busca tener más control del aparato de Estado. Las razones de fondo de su proceder son más complejas. 

Si bien se puede aducir que los OCAs son muy caros de mantener en términos económicos y/o que duplican funciones —en parte es cierto—, ello solo responde a lo costoso que resulta llevar a cabo de forma clara, precisa, eficiente y blindada de injerencias las funciones que han tenido que absorber. Además, la 4T no debería argumentar las razones anteriores, sobre todo cuando sabemos que los elefantes blancos de la administración federal (Tren Maya, Dos Bocas, Santa Lucía, destacadamente) absorben los pocos recursos que se llegan a ahorrar y también los que estaban presupuestados para otros programas, dependencias y acciones. 

Adicionalmente a lo anterior, la motivación de mayor peso de Andrés Manuel para desaparecer a dichos órganos es que él —en su visión de país— solo considera autoridad a aquella que emana del pueblo. Esto es, únicamente las autoridades electas debieran detentar el poder. Por ello, las agencias autónomas no tienen razón de ser ni deben sostenerse. 

Más aún, de acuerdo a la lectura presidencial, los órganos autónomos son resultante/nacen a partir de que la autoridad no estaba cubriendo o realizando esas funciones que ahora detentan las relativamente nuevas estructuras. Por ello, la 4T debe hacer transitar al país a una situación en que los poderes de la Unión desarrollen nuevamente dichas funciones, dejando de lado estos aparatos adicionales. 

La anterior es una argumentación que va de acuerdo a la concepción de un gobierno del pueblo y para el pueblo, que no es lo mismo que populista. Bajo la perspectiva de Andrés Manuel López Obrador, él y la Cuarta Transformación podrían desempeñar nuevamente todas esas actividades y tareas.

Sin embargo sabemos que eso solo es cierto en la teoría. En el ideal, la corrupción desaparecería y la transparencia se asentaría estando ellos, la Cuarta Transformación, en el poder; pero en la práctica las cosas son muy diferentes. Ahí tenemos, por ejemplo, los documentos apócrifos de la CFE falseando la verdad sobre un apagón generalizado en México. O sea, con Manuel Bartlett ya contamos dos de este tipo de ‘incidentes’ que desmoronan la teoría cuatroteísta del poder: en 1988 con las elecciones presidenciales y hace un mes en Tamaulipas.  

Así, desaparecer los OCAs desde el punto de vista conceptual tiene lógica; pero en la práctica, y dada la complejidad y los avances que exigen las democracias modernas, no nos querríamos imaginar al INE en manos de Gobernación u otra caída del PREP. 

Establecida la lectura que tiene López Obrador —las estructuras paralelas y adicionales son costosas y en estricto sentido, si la autoridad electa por el pueblo hace su trabajo, no se requieren— la tentación para eliminar funciones autónomas es grande. Pero no por ello deja de ser errada.

Tan no tiene razón AMLO, que todos los países competitivos, protectores de los derechos humanos y de avanzada en el mundo han tendido a conferir distinto tipo de responsabilidades a actores autónomos. Y es que la naturaleza de los sistemas políticos en sociedades complejas (incluidas las democráticas) imposibilitan que las autoridades electas hagan esas funciones. Las hacen mal y las hacen de manera viciada, priorizando fines de corte político.

En resumidas cuentas: Andrés Manuel defiende el “debiera ser” que imperaba —y mal que bien funcionaba— hace 70 años. Hoy en día, las sociedades modernas requieren de órganos autónomos para llevar a buen puerto ciertas disposiciones de interés público. 

Tristemente nuestro presidente sigue estacionado en un modelo de pensamiento muy simplista, sustentado en una arcaica y rancia razón de que ninguno de nuestros OCAs tiene validez electoral, a pesar de que son cuerpos que han demostrado ser muchas veces más efectivos que los emanados del voto popular. Es una ironía, pero es la verdad.

POR VERÓNICA MALO
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM
@MALOGUZMANVERO


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