Crónica de una enfermedad esperada

El gobierno federal no logra organizar una respuesta coordinada que solucione los problemas

Crónica de una enfermedad esperada
Mariana Gomez Del Campo / Colaboradora/ Opinión El Heraldo de México

El pasado domingo por la noche el presidente informó vía Twitter que tiene COVID-19, anunció que padecía síntomas leves y que estaba ya en tratamiento. Lamentablemente la noticia era de esperarse por varios motivos, empezando por su negación total y absoluta a utilizar cubrebocas, a tomar en serio la enfermedad, a no corregir una terrible “estrategia” frente a la pandemia, entre muchos ejemplos más.

El anuncio del presidente llega además en la que ha sido una de las peores semanas en cuanto a contagios y muertes para nuestro país. Esta semana, según cifras oficiales han fallecido más de 150 mil personas, todas y cada una de ellas son una historia diferente, algunas las hemos conocido ya muy de cerca, otras simplemente han pasado a ser un número más presentado por la arrogancia de López Gatell, a quién le debemos la pésima y terrible estrategia que nos tiene ubicados como el peor país de los evaluados para estar durante la pandemia, esto según el reporte mensual de Bloomberg en el que se analizan 53 países.

Por otro lado, la “estrategia” nacional de vacunación en México ha resultado ser un fracaso absoluto. El gobierno federal no logra organizar una respuesta coordinada que solucione los problemas en las diferentes regiones y espera que esta crisis desaparezca con el tiempo en vez de enfrentarlo e intentar solucionarlo.

Lo que hemos podido ver en las últimas semanas es atroz, un presidente cediendo vacunas, siervos de la nación siendo  inmunizados antes de tiempo, la suspensión provisional de envío de dosis de Pfizer, la falta de permisos de Cofepris para aplicar la inmunización de CanSinoBio, el anuncio de que llegarán 400 mil vacunas rusas que aún no han probado su efectividad  científicamente, y una vez más un largo etcétera.

Sin embargo, en un error más de la 4T, el presidente debió de haber sido de los primeros en ser inoculado, junto con todo el personal médico que se encuentra en la primera línea de batalla, porque además de lo mal que ya estamos, su ausencia  prolongada podría desencadenar una crisis de gobernabilidad que amenace la estabilidad institucional. En países avanzados, los funcionarios del ejecutivo son vacunados cuanto antes para asegurar la continuidad del gobierno y dar certeza de su capacidad. La evidencia habla de nula empatía, cero sensibilidad y de una total improvisación.

POR MARIANA GÓMEZ DEL CAMPO
SECRETARIA DE ASUNTOS INTERNACIONALES DEL COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL
DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

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