El enésimo plan de recuperación

Mientras algunos países han invertido hasta ocho puntos porcentuales del PIB para apoyar a sus empresas, en el caso de México no llega ni al 0.5

El enésimo plan de recuperación
Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / Opinión El Heraldo de México

El doble anuncio en el sentido de que viene un programa de apoyo a los micro negocios y que este año creceremos al 5%, según los otros datos de López Obrador, hasta ahora ha quedado en eso: una declaración. Y a pesar de que en uno de sus más recientes eventos en Nuevo León, el líder de la nación dijo que: “podemos salir del túnel donde nos encontramos”, lo cierto es que lo que sucede en nuestro país vislumbra un panorama muy diferente al comentado por él.

Del enésimo plan es la hora que todavía no se conocen detalles; no se sabe su duración, ni el monto total al que ascenderá el apoyo, si bien sí se ha comunicado que se tratará de créditos a la palabra. Y si bien darlos, así sea de esta forma, siempre ayuda, en el resto del mundo los apoyos otorgados NO son créditos de ningún tipo. Se otorga el dinero simple y llanamente, eso sí con estudios de por medio sobre la viabilidad de los negocios y considerando el número de empleados.

Además de ello, el impacto de este más reciente plan anunciado será mínimo si las grandes decisiones de la 4T en materia presupuestal, de inversión y financiera, continúan torpedeando la economía en su conjunto y la confianza del sector productivo; las cuales, dicho sea de paso, tampoco están comprometidas o apoyadas con el “plan” económico.

Basta mencionar la necedad de discutir y aprobar la ley para trastocar al Banco de México, la cual en un mediano plazo también dinamita la autonomía del órgano, pero que en principio lo que logra es que en el extranjero se deje de tomar en serio a la institución. Que tenga que comprar las divisas extranjeras que diversos bancos posean y cuya procedencia sea cuestionada, empañará aún más la confianza que se le tiene a Banxico. Todo el esquema propuesto convertirá al Banco de México en la primera “tintorería” de lavado de dinero.

Agreguemos que mientras algunos países han invertido hasta ocho puntos porcentuales del PIB para apoyar a sus empresas, en el caso de México no llega ni al 0.5. Adicionalmente, que ya de por sí la tenencia de bonos gubernamentales en manos extranjeras cayó en un 14% durante 2020, llegando a su punto más bajo en los últimos 10 años (esto claramente refleja una menor confianza en la economía nacional). 

Ello no solo por el mal año 2020, económicamente hablando, lo cual se ha experimentado en mayor o menor medida en todo el mundo, sino además derivado de una menor confianza de los inversionistas frente a las decisiones del gobierno (especialmente las de carácter económico, pero también incluyendo las legislativas, de salud y en energía).

De las muchas acciones y planteamientos gubernamentales que pesan de forma negativa en el ánimo de los inversionistas (nacionales y extranjeros), destacan las siguientes:

• La incertidumbre generada al no respetarse los convenios, contratos de generación de energías limpias. O simplemente detenerlos. Los impactos se convierten en inversiones congeladas y en desempleo.

• La intención de desaparecer el ‘outsourcing’ en lugar de regularlo de otra forma. Se calcula que tan solo el gobierno federal tiene subcontratados por este medio a casi 500,000 personas. No hay mecanismos ni forma en este momento para que pudieran ser re contratados, pues impactaría en un desempleo galopante que ni siquiera la economía informal podría absorber.

• Los números de Pemex, que siguen siendo los de una empresa en quiebra y la cuestión relativa a que el plan gubernamental para salvar a la empresa no es suficiente al no atacar el problema y solo inyectar dinero bueno a un barril sin fondo.

• Mantener la necedad de invertir en elefantes blancos, sea Dos Bocas, el Tren Maya o el aeropuerto Sta. Lucía. Son proyectos que no son necesarios y cuando estén terminados tampoco tendrán impacto positivo en donde están ubicados. Dicho dinero podría y debería ser utilizado, ahí sí, para inyectar a la economía en su conjunto y mejorar el nivel hospitalario del país.

• El argumento del gobierno de transferir de forma directa al 70% de la población diversos apoyos (aunque no cuadra la cifra si son solo 22 millones de mexicanos los beneficiados), en lugar de contribuir a mantener la planta productiva del país. Lo anterior se traduce en el control directo de un sector de la población con fines no directamente asociados a incrementar su productividad y competitividad.

• La opacidad en las compras y contrataciones del gobierno. La transición prometida a un gobierno sin corrupción no se verifica en los hechos, y dadas las acciones de la actual administración, solo revelan menor transparencia y más posibilidades para negocios al margen de la ley.

Por lo anterior, y máxime sin haber hecho públicos tiempos, plazos y montos, ni ofrecer detalles ni especificidades, se puede decir que tristemente el enésimo plan económico de reactivación no necesariamente se traduce en un compromiso amplio y que abarque al sector productivo.

 

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN
VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM


Compartir