Ser de derechas

Ser de derechas, lo que sea que eso signifique, no implica tener el derecho a levantar la voz: implica el deber de hacerlo

Ser de derechas
Julio Patán / Malos modos / Opinión El Heraldo de México

Pasa hasta en las mejores familias. Esta semana, la del obradorismo vio con sorpresa cómo dos de sus figuras emblemáticas, tutelares, se salían del guion, y ya sabemos que en esos barrios el guion no se toca. Una fue Carmen Aristegui, que se permitió dudar de la conveniencia de destruir los órganos autónomos. La otra fue Elena Poniatowska, que se metió con las mañaneras.

Traigo a cuento estas dos anécdotas porque trajeron, a su vez, dos reacciones que calificaría de sintomáticas. Una fue la de los talibanes de la 4T, los guardianes de la verdad revelada, que acusaron a Carmen y a Elena de traidoras. De apóstatas. La otra fue la de los moderados, sostenida en dos premisas. La primera, que los talibanes se pasaron de lanzas: “Carmen y Elena son y serán de las nuestras; se han ganado el derecho a la crítica”. La segunda es que justamente porque son de las nuestras, ustedes, los otros, no tienen derecho ni a tratar de sumarlas a sus filas, de transformarlas en conversas, ni, pa’pronto, de opinar. “Esto es entre nosotros. Ustedes, calladitos”, venían a decir, donde “nosotros” es “la izquierda”, algo que, pese a los lamparones que a veces dejan algunos, es una cosa inscrita en el cielo con letras doradas. Es, sí, “estar en el lado correcto de la historia”. Es, vaya, el bien, lo que implica que los otros, los de enfrente, son “el mal”.

¿Ustedes creen? Porque sostener semejantes convicciones, camaradas, implica pasar por alto algunos detallitos. El siglo XX, por ejemplo. ¿Se acuerdan? Es el siglo de Lenin, con los primeros campos de trabajos forzados. El de Stalin: las purgas, los millones sometidos por el hambre, las componendas con Hitler y la masificación del gulag, es decir, la transformación definitiva de la economía soviética en una economía esclavista. Es el siglo de Mao: 60 millones de muertos, ejecutados o de hambre. El de Corea del Norte. El de Camboya: millón y medio de muertos, otra vez, por hambre o por ejecución. El del castrismo, con sus juicios sumarios, su periodo especial, sus cárceles y su Che, pésimo funcionario, mal soldado, mal esposo y notable verdugo. El del sandinismo, forma guapachosa del estalinismo.

Claro que “la derecha” tiene sus deudas terribles: Pinochet, Somoza, Vietnam. Pero es que, camaradas, represaliado a represaliado, bancarrota a bancarrota, hambruna a hambruna, “el lado correcto de la izquierda” queda a deber y en mal plan. (Ya sé: el fascismo. Pero es que el fascismo, en su culto al líder, en su propagandismo, en su hipertrofia estatalista y su vocación carcelaria, a lo que se parece no es al capitalismo liberal, sino al totalitarismo de izquierdas.)

Así es que, camaradas, ser de derechas, lo que sea que eso signifique, no implica tener el derecho a levantar la voz: implica el deber de hacerlo. Otra vez.

POR JULIO PATÁN
PATAN0909@GMAIL.COM
@JULIOPATAN09


Compartir