Crónica de una ciudad colapsada

La CDMX es, probablemente, la ciudad con mayor exceso de mortalidad del mundo y una de las más afectadas económicamente por el Covid-19

Crónica de una ciudad colapsada
Guillermo Lerdo de Tejada / Columna Editorial / Opinión El Heraldo de México

Su eco es ya parte de la vida cotidiana en la Ciudad de México. Día y noche, las sirenas de las ambulancias no dejan de sonar. Son un amargo recordatorio de la tragedia que vivimos a diario. Una crisis que se ha agudizado en los últimos meses a consecuencia de un viraje, inconcebible, en las decisiones del gobierno capitalino.

Después de los primeros meses de la pandemia, a nivel nacional, las tasas de contagio comenzaron a dispararse de manera incontenible, y quedó claro que el gobierno federal estaba completamente rebasado. Sin embargo, en aquellos momentos las acciones de las autoridades capitalinas parecían ir en una dirección diferente, más eficaz, hacia un mayor control de la pandemia.

Fue notorio el contraste entre las fallidas directrices de López-Gatell y los esquemas que comenzaron a seguirse en la ciudad, más proclives hacia criterios técnico-científicos tanto en la realización de pruebas, como en las estrategias preventivas, de atención y contención.

Sin embargo, antes de entrar a la recta final del año pasado las presiones políticas de la presidencia sobre el gobierno de la ciudad llegaron a su límite, al grado de alterar las cifras de contagios con tal de evitar la entrada en vigor del semáforo rojo, sin importar los graves estragos que esto causó.

Hoy estamos pagando los costos de la decisión del gobierno capitalino –en la antesala del rebrote– de alinearse con la negligente estrategia federal, cuando todo indicaba que dicho camino terminaría intensificando la crisis. A ello hay que agregar la obsesión común con la austeridad, que también prevalece en la Ciudad de México con un gobierno que se niega a apoyar a los negocios.

Ninguna parte de la ciudad ha quedado exenta de la pérdida de empleos, la precarización de las condiciones de vida, y las altas tasas de contagios y mortalidad, pero basta con caminar un poco por las calles de nuestro querido Centro Histórico para palpar la dimensión de la tragedia: los rostros de angustia y desesperanza; la impotencia ante la larga lista de cortinas cerradas y negocios semivacíos; el silencio en nuestras plazas y recintos, tan desesperante ante un dolor que no cesa y que necesita urgentemente cauces de expresión y reconstrucción.

El resultado es incuestionable: somos, probablemente, la ciudad con mayor exceso de mortalidad del mundo y una de las más afectadas económicamente. No hay forma de no calificar la estrategia gubernamental como un absoluto fracaso.

Sé que la ciudad resurgirá, como siempre lo ha hecho. Sé que lo hará desde su ciudadanía, que sabe resistir, reinventar y convertir las crisis en motor de cambio. Sé que ajustaremos cuentas con la historia y sacudiremos la cadena de incompetencias que nos ha condenado a este presente. Ese momento nos espera. Mientras tanto, mantengamos la guardia en alto, sigamos activos y vigilantes, no dejemos de alzar la voz ante la ignominia y, sobre todo, sostengamos en nuestras manos las riendas de nuestro destino, con cuidado y prevención permanente, con solidaridad y apoyo mutuo. Nadie más velará por nosotros. Una vez más está claro que la sociedad navega sola en esta dura batalla.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA SERVITJE
DIPUTADO CIUDADANO EN EL CONGRESO DE LA CIUDAD DE MÉXICO
@GUILLERMOLERDO


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