Trump se va, pero no del todo

Una minoría importante, compuesta por personas de raza blanca y clases media y baja cree todavía en él

Trump se va, pero no del todo
José Carreño Figueras / Desde Afuera / Opinión El Heraldo de México

Más allá del segundo intento por impugnarlo legalmente y destituirlo, Donald Trump parece en desgracia política y condenado a muerte civil por una sociedad estadounidense que finalmente, a sólo seis días de que termine su Presidencia, encontró la forma de hacerlo.

El problema es que si bien la idea parece un intento de limitar o incluso eliminar la influencia de Trump en la política estadounidense los próximos años, probablemente enfrentará un duro encuentro con la realidad: 70 por ciento de los republicanos está convencido, gracias a su retórica, que las elecciones fueron fraudulentas; 40 por ciento de los estadounidenses aprueba su gestión.

Trump podrá irse en desgracia ante la mayoría de los estadounidenses, pero una minoría importante, compuesta sobre todo por personas de raza blanca y clases media y baja, especialmente de religión evangélica, cree todavía en el aún mandatario.

Peor aún, de acuerdo con las encuestas, alrededor de una tercera parte de los republicanos, o sea entre 20 y 30 millones de personas, creen que los demócratas son el principal enemigo de EU y que el nuevo presidente Joe Biden busca instaurar un estado "socialista". Un porcentaje similar de los demócratas cree que los republicanos son su peor adversario.

Pero Trump no fue el autor de esa división. Simplemente aprovechó los resentimientos y temores existentes y los profundizó; aprovechó sentimientos de fustración para atizar el nacionalismo en un país polarizado, ofreció soluciones simples y rápidas a problemas tan complejos como la migración, cambios económicos y la pérdida de trabajos industriales.

La conducta del llamado “Presidente del caos" o también el "vulgar en jefe" puede haber chocado al aparato político tradicional y gran parte de los estadounidenses y sus aliados en el mundo, pero fue un hit con sus votantes. Y eso le permitió y le permite mantener una "espada de Damocles" electoral sobre muchos legisladores republicanos.

De hecho, algunos de los que votaron contra el juicio político a Trump lo hicieron menos por convicción que por miedo a ser rebasados por la derecha. Pero muchos otros, sobre todo a niveles de base, se han mantenido fieles, sea porque creen en Trump o por lo que representa.

La presencia de grupos militantes armados de ultraderecha, desde el conspiracionista QAnon hasta Proud Boys o Boogaloo Bois y, probablemente Oath Keepers (integrado por policías y soldados en activo), no puede ser descartada dentro de ese movimiento. Pueden tener motivaciones y fines propios, y conjugan bien con el "trumpismo".

Y Trump, casado tres veces, famosamente mujeriego y abusivo, se convirtió en lo que un pastor evangélico definió como "un mensajero fallido de Dios" que designó suficientes jueces como para garantizar una visión ultraconservadora —incluso en derechos civiles y de la mujer— para la siguiente generación.

Sí, Donald Trump se va en desgracia. Pero él, y lo que representa, siguen ahí.

 

POR JOSÉ CARREÑO
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1


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