Una ciudad en desafío

Dicen que estamos en semáforo rojo, pero lo que se ve es una ciudad que se niega a parar y a cerrarse de nuevo

Una ciudad en desafío
Martha Anaya / Alhajero / Opinión El Heraldo de México

Dicen que estamos en semáforo rojo…

Que hay que mantenernos en casa, que hay que evitar la movilidad lo más posible, que hay que salir únicamente para realizar actividades indispensables porque los contagios de Covid alcanzan niveles altísimos y los hospitales ya no se dan abasto, ni las ambulancias, ni las funerarias, ni los hornos crematorios…

Piden las autoridades que los comercios que no estén catalogados como actividades esenciales permanezcan cerrados, se guarden hasta nuevo aviso –en una de esas hasta finales de enero- y, por supuesto, nada de antros ni de restoranes.

Semáforo rojo, dicen…

Sin embargo, al salir a la calle –al menos por rumbos céntricos de la Ciudad de México-, poco o casi nada de esto ocurre. Lo que se ve es una ciudad en movimiento: Ires y venires presurosos, transeúntes y vehículos en marcha, largas filas en espera de un transporte ante el colapso del Metro, cortinas de establecimientos que se alzan, puertas de restoranes que se abren.

Es la Ciudad de México en pleno desafío a sus autoridades.

#AbrimosOMorimos es el grito del sector restaurantero y por segundo día consecutivo se lanzan a las calles, cacerolas en mano, para protestar por el cierre de sus espacios y por la falta de apoyo del gobierno federal ante la situación por la que atraviesan.

En las calles de la avenida Masarik, particularmente en la zona de Polanquito, decenas de trabajadores –meseros, cocineros, recepcionistas- ataviados con mandiles, gorros y filipinas, hacen sonar ollas, sartenes, cucharones, exigiendo que los dejen trabajar.

Otros –más de 500 establecimientos y cadenas, según cálculos de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera- simplemente han mandado al diablo los llamados de las autoridades capitalinas y han abierto sus puertas, organizando sus propios cuidados frente a los comensales que llegan a sus puertas.

Con sellos de “Suspensión de actividades” --como al Sonora Grill, en la calle de Moliere-, han reaccionado por parte del gobierno. No a todos los insurrectos les han aplicado sanciones las autoridades locales; sólo en algunos casos, en un intento por llamar la atención y tratar de hacerse respetar.

Pero no hay manera ante la situación. Los restauranteros y sus trabajadores están al borde de la desesperación.

En la zona de la Condesa, el desafío se vive de otra manera. Menos ruidoso y llamativo, pero quizás más estremecedor. Ahí son ya múltiples los restoranes que han cerrado sus puertas en los últimos meses. Y es que, cuando apenas comenzaban a recuperarse de los efectos del sismo de septiembre del 2017 (que dejó bastante desolada la zona), vino el coronavirus.

Ahí, los pocos lugares que quedan en pie, abren sus puertas, lavan sus espacios, ofrecen tímidamente algún espacio para comer. No hacen mucho ruido. Pareciera que buscasen pasar desapercibidos. Es su forma de sobrevivir.

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GEMAS: A partir del próximo 26 de enero, Estados Unidos requerirá presentar una prueba de Covid-19 con resultado negativo a todos los pasajeros de aviones que ingresen a la Unión Americana.

POR MARTHA ANAYA
MARTHAMERCEDESA@GMAIL.COM
@MARTHAANAYA


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