Mussolini en la ONU

Más de uno se pregunta, con justificado y genuino interés: ¿Por qué Mussolini fascina tanto al presidente López Obrador?

Benito Mussolini es un personaje citado con frecuencia en los montajes mañaneros en Palacio Nacional. Aquí causa sorpresa desde la primera vez. Imagino que los mandatarios y embajadores participantes en la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas también debieron sorprenderse cuando vieron al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, hablarles del sanguinario dictador italiano en un mensaje de video.

Más de uno se pregunta, con justificado y genuino interés: ¿Por qué Mussolini fascina tanto al presidente López Obrador? Desde luego, la excusa de que su padre le nombró Benito por la admiración que sentía por Juárez, es sólo el grano, el síntoma que revela la enfermedad.

En 1972, Leonard Shapiro publicó un libro que se volvió un clásico imprescindible: El Totalitarismo. En él, señala diez características del fascismo que, al parecer, son conscientemente imitadas en el presente por su admirador mexicano:

1.  El predominio de un líder victorioso en las urnas.

2.  El líder subordina a sus allegados y forma con ellos una nueva élite del poder.

3.  El líder utiliza una ideología que le permite manipular a las masas.

4.  El líder persigue el control total del Estado, de la sociedad y del individuo.

5.  El líder y su élite reclaman el derecho de conocer la verdadera realidad.

6.  El líder y su círculo cercano subvierten la ley para sus propios fines. 

7.  Movilizan el apoyo de las masas.

8.  Pretenden derivar del pueblo la legitimidad de su gobierno.

9.  Reclaman el control de la moral privada. 

10.  El líder utiliza a su partido político como un elemento más de control y presión.

Usted, que es un lector informado, puede complementar la lista con ejemplos numerosos y cotidianos del México del siglo XXI, 48 años después de la radiografía de Shapiro.

Sin ir más lejos, el pasado jueves, el presidente hizo gala de un notable desprecio por la ley y los procedimientos. “Hay, dijo, una maraña de normas que impiden avanzar para hacer justicia… se tiene uno que enfrentar a toda la normatividad, porque en el régimen anterior, en el antiguo régimen, para simular que se combatía a la corrupción y que todo se hacía de conformidad con la ley, acuérdense lo que decían ‘la ley es la ley’, puro cuento, pura simulación”.

Otro ejemplo es el uso de la Unidad de Inteligencia Financiera para amenazar, amedrentar y doblegar a sus adversarios políticos. Hizo renunciar a un Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora, y al presidente de la Comisión Reguladora de Energía, Guillermo García Alcocer, para imponer a sus allegados en su lugar. De las acusaciones de la UIF nada se volvió a saber. Agricultores de Chihuahua decidieron tomar una presa y la UIF les congeló varias cuentas bancarias. Ricardo Anaya, ex candidato presidencial, anunció su regreso a la política y la UIF anunció que lo estaba investigando.

A primera vista, la fascinación del presidente por Mussolini parece deseo de imitación. [nota_relacionada id=1258868]

POR FERNANDO HERRERA ÁVILA

VOCERO DEL PAN

@FHERRERAAVILA

avv /eadp


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