Mañas del pasado en el presente

La muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg cambió súbitamente el panorama de la elección presidencial en Estados Unidos. La estrategia electoral de Donald Trump, desde antes de la partida de la jueza, es inyectar miedo y desconfianza en el proceso electoral, en particular con el posible fraude con el voto por correo. Las encuestas nacionales, al igual que en los estados bisagra, demuestran que Joe Biden goza de una ventaja cómoda sobre su contrincante.

Ante estas proyecciones, Trump le apuesta a que el margen del resultado sea mínimo, el cual le permitirá impugnar la elección en estados que tienen una mayoría republicana en los congresos locales para involucrar a la Corte Suprema, como ocurrió en la elección de 2000. El mandatario estadounidense anunció que enviará el nombre de su candidato a la Corte Suprema al Senado antes del primer debate presidencial. Sería el tercer juez conservador que nomina y confirma la actual administración en la Corte Suprema. Con ello, Trump tiene asegurado su triunfo si la elección se convierte en una batalla legal.

Dado que Estados Unidos utiliza un sistema de Colegio Electoral en el que el candidato que consigue la mayor cantidad de votos populares no siempre gana la elección, Trump busca manipular el sistema a su favor. Si bien es cierto que únicamente cinco veces en la historia del país el voto popular no empata con el resultado en el Colegio Electoral, existen precedentes de lo que intenta hacer Trump el 3 de noviembre.

La elección presidencial de 1876 es un buen referente para entender lo que pudiera ocurrir este año. La contienda de 1876 es recordada como una de las más reñidas y complicadas. El candidato republicano, Rutherford B. Hayes, venció a su opositor demócrata, Samuel Tilden, perdiendo el voto popular y ganando el Colegio Electoral por tan solo un voto. El partido demócrata ganó el voto popular, pero los republicanos argumentaban que lo lograron con fraude en las urnas. Ambos partidos se acusaron uno a otro de abuso electoral.

La Constitución no determina un método claro para resolver un conteo de votos disputados. Con el Congreso dividido, con una mayoría demócrata en la Cámara baja y una mayoría republicana en el Senado, optaron por constituir una comisión compuesta por diez senadores, cinco de cada partido y cinco jueces de la Corte Suprema para resolver el conteo. Dos de los jueces eran liberales, dos conservadores y entre ellos elegirían a un quinto con ideología moderada. Sin embargo, el quinto juez aceptó una vacante en el Senado y lo sustituyó un conservador afín a los republicanos. El fallo favoreció a Hayes y le otorgó los veinte votos pugnados en el Colegio Electoral, asegurándole el triunfo presidencial. El voto final en el Colegio fue de 185-184, el resultado más peleado en su historia.

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Lo que demuestra este ejemplo es que la Constitución estadounidense contiene lagunas jurídicas en cuanto al funcionamiento del sistema electoral y los candidatos puedan aprovecharse de ellas. Por lo general ha funcionado el sistema, pero la polarización y división que existe actualmente en Estados Unidos y con un presidente populista dispuesto a hacer lo necesario para asegurar su reelección, que no nos sorprenda si Donald Trump, a sabiendas de que puede perder el voto popular, utilice a la Corte Suprema, al Congreso, a las legislaturas locales, al Colegio Electoral y los vacíos de la Constitución para asegurar su estancia en la Casa Blanca. No es la habilidad de Trump, es que es un mañoso. Vaya que la historia se puede repetir.

POR LILA ABED
*POLITÓLOGA E INTERNACIONALISTA
@lilaabed
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