Libertades por un mejor país

En su más reciente novela, “El vendedor de silencio”, Enrique Serna plasma de manera brillante la relación de los medios de comunicación con el poder en turno en México. Es una novela donde el protagonista Carlos Denegri es el mayor beneficiario de la mieles de los gobiernos, ya fueran locales o federal en nuestro país en los tiempos de Miguel Alemán y Ruiz Cortines y cómo a través de la coacción o cooptación y dádivas se publicaban textos a favor de los gobiernos o, en su defecto, desde una columna periodística se podía “liquidar” a algún aspirante al poder o a alguien que incomodara al presidente. Esta novela también plasma como la llegada de la televisión masiva dejó a la zaga a la prensa impresa y la importancia de la libertad de expresión como medio de fortalecimiento democrático.

En la actualidad, la relación entre gobiernos y clase política con los medios de comunicación no ha cambiado en su totalidad, lo que se ha modificado son los mecanismos para ejercer el periodismo y la opinión pública. Hoy nos encontramos con diarios, semanarios, múltiples programas de televisión, radio y océanos de comentarios en redes sociales como medios para ejercer opiniones a favor o en contra de casi cualquier tema. Sin embargo en esta administración está sucediendo algo distinto, la polarización.

Desde el atril de Palacio Nacional, López Obrador marca la agenda de la prensa en todo el país, en un innegable acierto de comunicación política, pero ya en un evidente desgaste, con temas cada vez menos relevantes y, quienes cubren este espacio, también se les nota el cansancio que causa la rutina y la repetición. Cada vez es más frecuente encontrarnos en “las mañaneras” con preguntas ya preparadas, respuestas monosilábicas y la constante burla y persecución a algunos medios de comunicación, con la ya sabida premisa del presidente, -están conmigo o en contra mía-.

En este sentido, el actuar de López Obrador y sus seguidores comienza a preocupar en vastas esferas. Su constante debilitamiento al marco institucional llega ya a la esfera de la libertad de expresión mediante a la persecución discursiva y financiera de algunos periódicos, revistas y medios de comunicación. Hace unos días, debido a este sentir generalizado, 650 intelectuales y periodistas firmaron un desplegado titulado “En defensa de la libertad de expresión”, donde refleja de manera clara el sentir de gran cantidad de mexicanas y mexicanos. En este escrito recalcan el discurso de odio al que continuamente alude el presidente: “no se estigmatiza a personas físicas o morales desde el poder presidencial sin ponerlas en riesgo. No se alimenta el rencor desde esa tribuna, sin que el odio llegue al río alguna vez.”

Si bien el conflicto entre el gobierno y el llamado quinto poder es natural, lo que no debe de acontecer es el insulto y acecho constante a solo las voces críticas al mandatario. Como sociedad no podemos seguir permitiendo que ocurran estos comportamientos divisorios desde el micrófono presidencial, tenemos que permanecer unidas y unidos en la sociedad, ser críticos y luchar por los derechos obtenidos y por el fortalecimiento democrático del país a través de la libertad de expresión, libertad de asociación y libertad de prensa. En el gobierno de la Cuarta Transformación deberán de entender que sin una sociedad crítica y unos medios de comunicación observantes y señalantes no caminaremos hacia un mejor país.

POR ADRIANA SARUR

ADRIANASARUR@HOTMAIL.COM 

@ASARUR

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