En Estados Unidos, de verdades y verdades

El gobierno del presidente Donald Trump se encontraba ante un escándalo creciente, causado por los esfuerzos de sus leales por acallar y distorsionar la información sobre el coronavirus

Cuando la icónica juez liberal Ruth Bader Ginsburg falleció el viernes pasado y dejó vacante un asiento en la Suprema Corte de Justicia, el gobierno del presidente Donald Trump se encontraba ante un escándalo creciente, causado por los esfuerzos de sus leales por acallar y distorsionar la información sobre el coronavirus y ajustarla a la versión del mandatario.

El torbellino político originado por la muerte de Bader Ginsburg y el precipitado esfuerzo del régimen Trump por llenar la vacante y hacer un nombramiento que asegure la mayoría conservadora por los próximos años puso en segundo término la polémica actuación gubernamental frente al COVID-19.

Pero una y otra son un reflejo del actual gobierno estadounidense. 

Si hubiera un salón de la infamia para funcionarios políticos que han tratado de distorsionar informes sobre la gravedad de una situación y buscando vías para que su versión prevaleciera, los nombres del doctor Paul Alexander y Michael Caputo estarían a la par de Mohamed Said-al-Sahaf"Baghdad Bob", el portavoz del gobierno de Saddam Hussein, que en 2003 negaba la entrada de tropas estadounidenses frente a cámaras de televisión cuando aquellas se veían ya detrás de él.

Después de todo ellos, como aquel, estaban convencidos de lo que decían para defender políticas y políticos, que no ideas o países.

Caputo era el portavoz del Departamento de Salud y Alexander era su consejero científico, y su meta principal era asegurarse o tratar de evitar que los reportes de organismos como el centro de enfermedades contagiosas (o CDC por sus siglas en inglés) contradijeran a Trump.

De hecho, Caputo llamó la atención sobre su labor cuando a principios de septiembre protagonizó un video en Facebook para anunciar a los seguidores de Trump que debían prepararse a la posibilidad de un conflicto armado porque la izquierda demócrata rechazaría reconocer la victoria del mandatario la noche del 3 de noviembre, y acusó de sedición a los principales médicos del país por no hacer segunda a Trump.

"Lejos de ocultar lo que sabían sobre el peligro del virus, como el nuevo libro de Bob Woodward afirma que hacía el presidente Trump, los correos electrónicos parecen indicar que sus asistentes en Washington estaban convencidos de sus propios pronósticos optimistas, incluso cuando las infecciones por coronavirus se disparaban hacia el cielo", señaló The New York Times.

Fueron ellos quienes justificaron atacar a los líderes científicos del país por considerarlos como "hostiles" a Trump y aun como "sediciosos" por proponer el uso de mascarillas o detallar los peligros de contagio porque bueno, lo sabían.

Los ya más de 200 mil muertos en Estados Unidos por la falta de precauciones, la ignorancia inicial sobre la escala del problema y la renuencia a aceptarlo, resultaron algo marginal frente a la imperiosa necesidad de hacer prevalecer una posición política. [nota_relacionada id=1250216]

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

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