¿Probidad de servidores públicos?

La política en México tiene mala fama, muchas veces con elementos que justifican esa percepción social.

La corrupción, la simulación, la doble moral están firmemente enraizadas en el tejido social donde el gran problema no es ser corrupto, sino evitar que se descubra que lo es.

La corrupción como conducta en el servicio público o en las relaciones con el poder tiene enormes adeptos. Suele no haber mayor conflicto moral en aprovechar el interés público para satisfacer el interés privado. Eso está fuera de discusión, las más de las veces, en el mundo real.

El tema es cómo evitar que esa conducta sea identificada no sólo porque pudiera implicar un ilícito o un delito, sino por una cuestión de inclusión y reconocimiento social en este país donde las máscaras son las imágenes que ven y se quiere que se vean en la comunidad.

En un país como México hay varias asignaturas pendientes, entre ellas, el examen médico que permita saber razonablemente que un candidato a gobernar tiene, al menos, la salud básica para cumplir su encargo.

Hay muchos casos de políticos y políticas que conociendo su imposibilidad física de desempeñar un cargo aceptaron ser postulados dando gato por liebre al electorado con el concurso de los partidos políticos que los postularon para engañar a los electores sin el menor pudor.

Hay que regular ese tema. Otro asunto es el de la idoneidad entre la función y el funcionario. En el caso del Instituto Federal de Telecomunicaciones se ha iniciado un proceso, con sus claroscuros, de hacer exámenes de conocimientos. Pero el gran tema, sin desdoro de los otros mencionados, es el relativo a la probidad, a la honestidad que parece ser el mal mayor de todos.

Lo que debería regularse es que antes de ingresar a un cargo público donde pueda haber conflicto de interés o facilidades para obtener beneficios personales haya un examen de control de confianza practicado de manera independiente, por expertos en la materia e incluyendo todos los rubros medibles posibles y no dejarlo al equipo del polígrafo, que es un punto de partida no un puerto de llegada. Me queda claro, parafraseando a Martín Luis Guzmán, que nadie va contra su propio interés y los políticos no serán los primeros en tomar figurativamente una pistola, ponérsela en la sien y dispararse a sí mismos.

Sólo la presión social por el método de aproximaciones sucesivas podrá generar condiciones para actuar en esta problemática nacional. [nota_relacionada id=1246587]

De cualquier modo, si no se intenta repetidamente lo imposible no se llega a lo posible y el escribir no sólo del problema, sino de los mecanismos de solución, puede –ojalá– que una pequeña chispa pueda prender aunque hoy se vea inviable.

POR ERNESTO VILLANUEVA
ACADÉMICO DEL INSTITUTO DE INVESTIGACIONES
JURÍDICAS/UNAM
@EVILLANUEVAMX

lctl


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