Fraternidad universal

Platón llama “hermanos” a los compatriotas. Jenofonte llama “hermano” al amigo. Ambos casos, sin embargo, poseen límites precisos: para Platón el extranjero no es hermano. Para Jenofonte la hermandad encuentra su frontera en los no-amigos. Históricamente el cristianismo introduce por primera vez la idea de una fraternidad sin límites: todos estamos llamados a ser hijos en el Hijo y, por ende, hermanos. El cristianismo primitivo logró sorprender y entusiasmar aún en ambientes no-judíos porque de manera empírica logró realizar lo que en su momento parecía imposible: la convivencia solidaria del judío y del griego, de varones y mujeres, de ciudadanos romanos y bárbaros. Mil años después, continuaron con gran fuerza creándose comunidades fraternas con el fin de testimoniar que la vida verdaderamente humana existe solamente cuando significa acogida a todos, en especial, a los más pobres y excluidos.

Las múltiples contradicciones y traiciones que los cristianos también practicamos a través del tiempo fueron el escenario para esfuerzos reformadores que aún siguen siendo proféticos en términos de fraternidad. En momentos de severa corrupción de algunos sectores del clero, el “poverello” Francisco de Asís se reconoce no sólo “hermano” de todos sino criatura “hermana” de los diversos habitantes del cosmos. En el siglo XVI, durante el estremecedor encuentro entre españoles e indígenas en México, María de Guadalupe logra instalar en el corazón de vencedores y vencidos una invitación a la fraternidad. De este hecho emergió una raza mestiza, una cultura barroca y una singular piedad popular que rebasa por mucho la religiosidad estrictamente guadalupana a lo largo de toda América Latina.

El racionalismo ilustrado, por su parte, proclamó en el clima de la revolución francesa: “libertad, igualdad, fraternidad”. Sin embargo, como agudamente señala Octavio Paz en su libro “La otra voz”: la libertad devoró a la igualdad en el liberalismo. La igualdad aplastó la libertad en el colectivismo. Y la fraternidad se volvió el valor olvidado de la modernidad. Los “hermanos” se redujeron a los cofrades de tal o cual logia masónica o para-masónica. Así las cosas, hoy nos preguntamos: ¿de qué “fraternidad” habla AMLO cuando en la noche del 15 de septiembre grita un “viva” a la “fraternidad universal”? ¿Qué idea de “fraternidad” nos regala el presidente cuando descalifica y persigue a quienes le resultan incómodos? ¿Qué puede ser la “fraternidad” cuando el poder presidencial es el que designa desde el centro y desde arriba quién sí y quién no pertenece al “pueblo bueno y sabio”?

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El 4 de octubre el Papa Francisco publicará su nueva Encíclica “Fratelli tutti” dedicada al tema de la fraternidad y la amistad social. En ella nuevamente rebasará ideologías de derecha y de izquierda afirmando lo esencial cristiano. En documentos previos del Pontífice la idea de “fraternidad” ha aparecido en diversas ocasiones. Todos los seres humanos estamos llamados a reconocernos hermanos. El poder no es el gran “definidor” de los horizontes de la fraternidad, sino nuestra común condición humana. La fraternidad no es una mera idea piadosa para edulcorar discursos sino el fundamento antropológico de la verdadera igualdad y de la más amplia libertad. 

POR RODRIGO GUERRA
PROFESOR-INVESTIGADOR DEL DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN SOCIAL AVANZADA (CISAV)
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