19-S: la corrupción mata

19-S: la corrupción mata

Hay heridas que no cierran. La del Colegio Enrique Rébsamen, donde murieron 19 niños y 7 adultos en el sismo del 19 de septiembre de 2017, es de esas. 26 muertes que pudieron evitarse, que no debieron ocurrir.

El sábado pasado se cumplieron tres años de la tragedia y los padres de los pequeños fallecidos han recorrido un camino lleno de obstáculos alimentado por la indolencia de autoridades, la falta de empatía de servidores públicos y un sistema de justicia que, no pocas veces, hace todo menos justicia.

¿Qué mayor dolor puede haber que perder un hijo? Más cuando muere por la corrupción, y no hay castigo. Pero los papás y mamás han tenido el coraje de no dejarse vencer, de luchar y hablar fuerte, para ser escuchados.

El Colegio debió ser clausurado. Si hubiera estado clausurado nadie habría muerto. El jueves de la semana pasada llegó apenas un poco de justicia que, así en pequeñas dosis, no lo es. La dueña del Colegio, Mónica García Villegas fue declarada culpable de homicidio culposo. Las responsabilidades no se agotan ahí: alguien no supervisó o mal supervisó, alguien permitió que la escuela estuviera funcionando cuando no cumplía con las normas mínimas, alguien cobijó y solapó la corrupción y a los corruptos.

***

A las 26 personas que murieron en el Rébsamen las mató la omisión e impunidad. No se entendería el colapso del Colegio sin la corrupción. Esa corrupción es la constante, el manto que envuelve la muerte de cientos de personas. Corrupción e impunidad que han sido solapadas y premiadas por gobiernos de todos los colores que anteponen sus futuros políticos, a sus responsabilidades, que privilegian el dinero, los acuerdos en lo oscurito y los negocios inconfesables, a su tarea de autoridad. Del Colegio Rébsamen, al multifamiliar en Tlalpan; del edificio # 286 en Álvaro Obregón, en la colonia Roma, al 911 de Coquimbo y Sierravista, en la Gustavo A. Madero. Cientos de historias, de vidas perdidas.

En el marco del primer aniversario del sismo del 19 de septiembre de 2019, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) publicó una serie de reportajes, bajo el título, ¿Por qué se cayó mi edificio? (https://miedificio.contralacorrupcion.mx). Una autopsia que retrata lo que ocurrió a cientos de víctimas, pero, sobre todo, por qué ocurrió. Más todavía, por qué volverá a suceder.

El diagnóstico es demoledor: tenemos un reglamento de construcciones –emitido tras el terremoto de 1985- que es de los mejores del mundo, pero que está de adorno y es burlado por turbios negocios inmobiliarios en complicidad con autoridades; gobiernos que ocultan información pública; ciudadanos que quedaron atrapados en edificios donde se hicieron modificaciones a los cálculos de ingeniería para aumentar los márgenes de ganancia; desarrollos nuevos y semi-nuevos levantados con material de baja calidad para ahorrar costos; Directores Responsables de Obra (DRO) contratados y sobornados por constructores; un mercado negro de “firmadores” que avalan construcciones sin revisarlas…

[nota_relacionada id=1247883]

En más del 90% de los casos de inmuebles colapsados, los vecinos habían alertado y denunciado que se levantaron sin permisos, que violaban el uso de suelo, o que tenían daños desde el sismo del 85 y se reconstruyeron sin protocolo alguno, al margen de la ley.

No solo matan los sismos, es la corrupción la que asesina. Son los corruptos los que entierran familias y patrimonios bajo los escombros. Si esto no cambia, la historia la sabemos, y la volveremos a ver, porque volverá a temblar, volverán a caer edificios. La corrupción mata, y la impunidad premia.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM 
@MLOPEZSANMARTIN
lctl


Compartir