Poder de un emperador romano y de un Presidente en México

La Cuatro T vino a poner el dedo en la llaga, gobierna sin contrapesos, aplica la ley selectivamente, sin oposición

La figura de un emperador romano era la designación de un gobernante del Estado romano durante el periodo imperial (comenzó en el año 27 aC).

Los romanos daban un título que se asoció con el emperador. Si un hombre era “el emperador proclamado” significaba que fue proclamado Augusto, o (para los generales) imperator (de donde deriva emperador).

Varios otros títulos, como César, príncipe del Senado, cónsul y Pontifex Maximus se acumularon con regularidad por los emperadores. El poder de los emperadores se basa generalmente en la acumulación de poderes nacionales y con el apoyo del ejército.

El emperador romano era un semidios, en México la Constitución de 1917 le da facultades a un Presidente igual a las que tenía un emperador romano.

Se hizo así porque se venía de una lucha armada y fue un pacto político. Cabe destacar que en varios artículos de nuestra Carta Magna de 1824 se adoptó la forma de gobierno de los Estados Unidos, la cual es republicana, democrática, federal, presidencial y bicameral —a la fecha sigue—.

Posteriormente, en la de 1857 y en la vigente de 1917, la Constitución de EE.UU como en la de México dividen al poder federal en las ramas legislativa, ejecutiva y judicial.

La Constitución de Estados Unidos dispone de los poderes legislativos otorgados, serán conferidos a un Congreso que consistirán en un Senado y una Cámara de representantes. El Senado se integra por 100 miembros, dos por cada uno de los 50 estados y en la Cámara de Representantes hay 435 miembros elegidos proporcionalmente de los distritos congresistas estatales.

En México hay 128 senadores, cuatro por estado y 500 diputados.

En nuestro país, la división de poderes ha sido solo una división de facultades, el Presidente de México es un emperador, designa ministros, magistrados, jueces, fiscales, gobernadores, alcaldes, diputados, senadores, nombra a todo su gabinete, así como secretarios de la Armada y de la Defensa, es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, el presidencialismo absoluto. La Cuatro T vino a poner el dedo en la llaga, gobierna sin contrapesos, aplica la ley selectivamente, sin oposición.

Viene una nueva elección el año entrante, es tiempo de un cambio real que debemos hacer los ciudadanos a través de nuestros próximos legisladores, se debe dar ya una nueva Constitución, que ponga contrapesos reales, instituciones que no permitan que un Presidente modifique a su antojo la Constitución, una nueva ley de amparo que no sea a modo del primer mandatario, como lo está la ley actual que exime al Presidente de la República como autoridad responsable.

Una ley que dé más facultades y derechos a los ciudadanos y más obligaciones a la autoridad, aumentar la suspensión del acto reclamado, la Ley de amparo no es progresista, la Constitución sí.

Los ciudadanos no debemos permitir más monarcas o reyes ni líderes espirituales que se sientan “divinos”. Nadie se salva, todos gobiernan a su manera, a su capricho, es urgente darle rumbo al país. Cada seis años se inventa un país por los hombres en el poder ¡No más un México de un sólo hombre, México somos todos! Debemos modificar la Constitución, debemos modificar la ley, el pueblo.

La Constitución de 1917 dice: la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de gobierno. Es la hora de tomarles la palabra. [nota_relacionada id=1197642]

POR JOSÉ ÓSCAR VALDÉS RAMÍREZ
COLABORADOR
@DRJOSEOSCARV
irv / eadp


Compartir