El Brexit y los problemas de Boris Johnson

Hace 200 años el Primer Ministro británico, Lord Palmerston, dijo que "las naciones no tienen amigos o aliados permanentes, sólo tienen intereses permanentes".

Fue la misma época en que el gobierno napoleónico en Francia hizo popular en Europa referirse a Gran Bretaña como "La Pérfida Albión".

Lo cierto es que la historia demuestra que las potencias europeas solían reinterpretar acuerdos, según su conveniencia, y que al ser la mayor potencia de la época, Gran Bretaña podía imponer su ley.

La desconfianza entre ingleses y europeos en general se mantuvo siempre, en mayor o menor grado hasta que en algún momento se creyeron superados, al final de la Segunda Guerra Mundial y con la renuente accesión británica a la Unión Europea. Pero no. 

El Brexit, el referendo que en junio de 2016 determinó la salida británica de la Unión Europea, mostró que el recelo mutuo nunca desapareció verdaderamente, y así se ha visto en las prolongadas negociaciones de lo que ha sido un contencioso divorcio.

Pudiera decirse que hay responsabilidad en ambas partes, pero también que el gobierno del primer ministro Boris Johnson parece determinado a justificar a sus críticos al tratar de jugar en tiempos distintos la carta del imperio que fue.

Johnson, uno de los más visibles promotores de la salida británica de la UE, causó una tormenta la semana pasada, al proponer medidas de mercado interno que violarían deliberadamente parte del convenio de salida que él mismo negoció y firmó hace meses y que ahora está en duda, a sólo semanas de entrar en vigencia.

La llamada Ley de Mercados Internos busca garantizar el comercio sin restricciones entre las cuatro naciones de Reino Unido, pero al hacerlo afecta la situación en la isla de Irlanda, donde la provincia británica tiene una íntima relación con la vecina república, miembro de la UE

El Brexit recreó una frontera física entre ambas partes, pero también un foco de renovadas tensiones religiosas y políticas que se esperaba amainar en parte con excepciones comerciales.

El hecho es que si el proceso del Brexit mostró las tensiones entre Gran Bretaña y La Unión Europea, también exhibió las complicaciones internas entre Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, los cuatro países que componen Reino Unido.

Los planes de Johnson tropiezan con lo que su gobierno negoció y aprobó antes, además del rechazo de la Unión Europea e incluso de sus predecesores en Downing Street, de los conservadores Theresa

May, David Cameron y John Major al laborista Tony Blair.

Blair Major resumieron el problema en un artículo conjunto publicado por el Sunday Times: "a medida que negociamos nuevos tratados comerciales, ¿cómo podemos salvar la credibilidad como 'Gran Bretaña global' si ignoramos tan descaradamente nuestros compromisos en el momento en que los firmemos?".

Es una pregunta que Johnson debe responder.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
JOSE.CARRENO@ELHERALDODEMEXICO.COM
@CARRENOJOSE1
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