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La gráfica mexicana, tiene nombre de mujer (I)

OPINIÓN

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Para mí, la gráfica mexicana contemporánea tiene nombre de mujer y se llama Nunik Sauret. Creo también que el grabado es un lenguaje muy de México; su semántica nos pertenece como país, es decir, que desde hace muchos años, gracias a esta vertiente del arte  podemos expresarnos mejor y de una forma sencilla por lo económico que resulta poseer varias piezas geniales a un precio menor que una pintura. Aunque esa observación parezca un tanto evitable, es gracias a lo cual casi todos pueden coleccionar una pieza de arte, por tanto, el nombre de quienes la generaron vuela por todos los espacios que tengan en sus paredes un grabado colgado en la pared.

Lo nuestro, son los originales múltiples de los trazos de artistas como Manuel Manilla o Guadalupe Posada, pero también de otros más que encontraron en el grabado una forma alquímica de producir un objeto hermoso. Y es que todo es bonito en la vida de de la gráfica; desde el mueble (casi siempre de madera) con las tintas de colores, hasta el tórculo y las placas de impresión. El impacto estético de ver por primera vez un espacio de producción como este, sólo puedo compararlo con la insospechada visión de un campo de futbol visto con los ojos vírgenes, pero en la tarde, cuando las luces cálidas iluminan el pasto esmeralda y no das crédito de lo hermosos que puede ser. Obvio, esta es mi personal impresión.

En mi infancia de Coyoacán crecí acompañada de varios grabados que me observaban desde las voluptuosas paredes de adobe de mi casa pero no fue si no hasta que conocí a Nunik en Tallería, que me dimensioné su energía. Resulta que entonces estudiaba francés en el IFAL (Instituto Francés de la América Latina) y era el mejor refugio que pude tener en esos días. Colaboraba con Alfil, la revista que editaban y quería hacer un artículo especial sobre grabado; a un par de colonias estaba la Roma y ahí se ubicaba el taller de pintura de Emilio Saíd, que asociado con Gerardo Traeger entre otros, habían instalado un taller de gráfica en la esquina de Flora y Puebla. Como quería aprender sobre el proceso del grabado para escribir un mejor artículo, un día me dejé caer por ahí sin avisar y Juanito, el maestro de taller que era mi gran amigo, estaba imprimiendo unas piezas de Nunik Sauret que esperaba sentada a que salieran sus primeras pruebas para darles el visto bueno y sacar al fin un tiraje completo.

Entré saludando  campechanamente y me recibieron con alegría, entonces Nu y yo nos pusimos a platicar como si nada y no sé cómo de pronto terminamos pintándonos las uñas y platicando de los procesos de la gráfica mientras cuidábamos de no batirnos las manos. Fue una de las tardes más bonitas que recuerdo, porque aprendí mucho sobre el grabado, salí de ahí seis horas después y al día siguiente regresé. Juanito me recibió así por quince días mientras veía entrar por la puerta del sótano a los artistas que sin saberlo estaban forjando mi fascinación por la gráfica y que hoy, son los productores de un patrimonio artístico generado en talleres como el de Emilio, en medio de experiencias divertidas, enseñanzas entrañables y sobre todo, mucho, pero mucho amor.

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POR JULÉN LADRÓN DE GUEVARA
CICLORAMA@HERALDODEMEXICO.COM.MX
@JULENLDG

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