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De la globalización a la regionalización

Hay razones para pensar que estamos frente al resurgimiento de un libre comercio global

OPINIÓN

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Nunca ha habido una forma única de comercio entre las naciones. A veces ha imperado el proteccionismo, que impone barreras a la importación y busca desarrollar industrias nacionales. México experimentó este modelo entre los años 40 y 70. Dicho esquema ha logrado la expansión económica por algún tiempo, pero en el largo plazo, las empresas nacionales se hacen ineficientes. Además, para sostener este modelo, el gobierno debe incurrir en deuda.

En el otro extremo está el globalismo económico. En este esquema se crean cadenas globales de suministro: para elaborar un producto intervienen muchos países. Se trata de una verdadera interdependencia, con claroscuros.

El globalismo ha creado prosperidad, pero también desigualdad. La crisis global de 2008–2009 confirmó los riesgos de la híper-interdependencia financiera. Ahora, la COVID-19 ha demostrado que las cadenas pueden ser un problema cuando algunos países dominan la producción de bienes, como equipo sanitario.

Frente al desgaste de estos dos modelos, hay razones para pensar que estamos frente al resurgimiento de una tercera alternativa: la regionalización, un libre comercio global, pero a partir no tanto de países que forman una cadena de suministro, sino de grandes bloques que unen fuerzas en cadenas locales, como Asia–Pacífico, Norteamérica o, por supuesto, la Unión Europea, el proyecto más ambicioso de integración regional.

El TLCAN, y ahora el T-MEC, son ejemplo de esta tendencia. Sus reglas de origen y laborales obligarán a producir cada vez más componentes dentro de la región, en lugar de traerlos de otro lado. Esto garantiza que buena parte de la riqueza generada beneficie a los habitantes del bloque. Con todo, la regionalización exige que países como México tomen previsiones.

Primero: invertir en educación, de forma que haya trabajadores calificados para que los nuevos procesos de automatización –que son uno de los motores de la regionalización– no generen desempleo, así como para sustituir la producción de tecnologías que hoy se hacen en otras regiones.

Segundo: fortalecer el Estado de derecho. México debe seguir como un país atractivo para las inversiones.

Tercero: crear infraestructura de última generación, a fin de que México se consolide como una plataforma exportadora dentro del bloque norteamericano y al resto del mundo.

Así, la regionalización nos obliga a crear una verdadera política de Estado: impulsar una América del Norte, que no sólo sea intensa comercialmente, sino productivamente, y en la que nuestro país ocupe un lugar altamente relevante. [nota_relacionada id=1175677]

POR CLAUDIA RUIZ MASSIEU

SENADORA DE LA REPÚBLICA POR EL PRI

@RUIZMASSIEU

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