Los fines y los medios

Todo parece que, desde la óptica política del gobierno de la 4T, la democracia es un juego de suma cero, y el ejercicio del poder público es similar a la dirección de una guerra sin cuartel, en donde los bandos se dividen en amigos y enemigos, y en donde el fin último se centra en eliminar al adversario sin importar los medios. Maquiavelo y Sun-Tzu se mezclan en el pensamiento cuatroteista para justificar su errática conducción del país.

Ante la falta de resultados en seguridad, las fallidas políticas de desarrollo social y económico, la incapacidad para combatir la corrupción, la ineptitud para atender la crisis de salud por la pandemia del coronavirus y sus efectos en la economía de las familias, entonces hay que salir del “terreno cercado” para avanzar en “terreno de comunicación”, y utilizar todos los medios al alcance para lograr la victoria definitiva el 2021. Ya lo dijo Maquiavelo en El Principe, en aquella frase que se ha interpretado como el equivalente de “el fin justifica los medios”:“Trate, pues, un príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito”. Eso es lo que explica el júbilo y el discurso grandilocuente de la 4T por la extradición y probables revelaciones del ex director de Pemex Emilio Lozoya. El discurso exagerado del triunfo contra la corrupción por tener a Lozoya como testigo protegido, y los “adelantos” que ha dado el presidente López Obrador de las revelaciones que vienen, demuestran la enorme necesidad de cubrir con un circo mediático las graves deficiencias de su gobierno, la caída de su popularidad y la enorme carencia de respuestas ante las demandas sociales por la crisis económica. A falta de pan, Lozoya.

Se debe hacer justicia, sin más elemento que la aplicación de la ley. A los corruptos se les debe enviar a la cárcel por corruptos, no por su filiación política. El combate a la corrupción debe servir para sanear a la nación, no como estrategia de propaganda política, ni para tratar de ocultar los vicios propios del gobierno cuatroteista, o tratar de dividir y aniquilar moral y electoralmente a sus adversarios. Pero todo apunta a que las cosas no van a pasar del escándalo como estrategia en el “terreno de la comunicación”, y como un medio útil para alcanzar sus fines electorales. Nadie irá a la cárcel. En este contexto, los partidos políticos y las organizaciones ciudadanas deberían asumir su propia interpretación de los medios y los fines, en el objetivo de unir voluntades y fortalezas en el proceso electoral que, en breve, iniciaremos, para hacer posible la integración de nuevas mayorías en el Congreso de la Unión y en los congresos locales.

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Se puede construir entre todos una efectiva oferta electoral que responda al interés y sentimientos de las y los mexicanos. El pragmatismo electoral no rompe con la pureza ideológica ni desnaturaliza la esencia de los partidos ni de las organizaciones ciudadanas, cuando el fin es el bien de la República. Hay que asumir la afirmación del teólogo alemán Hermmann Busenbaum: “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”.

POR JOSÉ ENCARNACIÓN CAZARES
COLABORADOR
@JOSEEALFARO


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